Viviendo plenamente con el cambio y la incertidumbre
Por Pema Chödrön

"La profesora de la universidad de mi nieta pidió a los estudiantes que no llevaran el teléfono celular a clase. Mi nieta quedó sorprendida por cuánto más presente y atenta se volvió como resultado. Observó que toda su generación está haciendo un entrenamiento de inmersión, intensivo, para estar distraída. Para mí, esto enfatiza la importancia para su generación y las que siguen, así como también para las generaciones que vinieron antes, de contrarrestar esa tendencia, haciendo un curso intensivo en estar presente. Al practicar el estar presente, una cosa que se descubre rápidamente es cuánto el relato es persistente. (...)
Tuve un sueño con mi ex marido: acababa de acomodarme para una noche tranquila en casa cuando él llegó con seis invitados desconocidos y después desapareció, dejándome a cargo de atenderlos. Quedé furiosa. Al despertar, lamenté: “Qué difícil es acabar con la rabia; creo que la propensión sigue ahí.” Entonces recordé un incidente que había ocurrido el día anterior y comencé a enfurecerme de nuevo. Esto me dejó totalmente perpleja y me di cuenta de que, durmiendo o despierta, es todo lo mismo. No es el contenido de nuestra película lo que necesita atención, sino el proyector. La raíz de nuestro dolor no está en el relato actual; está, ante todo, en nuestra propensión a molestarnos con las cosas.
La propensión a sentir lástima de nosotros mismos, a tener envidia, a tener rabia; nuestras reacciones emocionales tan familiares son como semillas que simplemente seguimos regando y nutriendo. Sin embargo, cada vez que hacemos una pausa y mantenemos contacto con la energía subyacente, dejamos de reforzar esas propensiones y comenzamos a abrirnos a posibilidades nuevas y refrescantes.
A medida que reacciones de modo diferente a un viejo hábito, percibirás los cambios. En el pasado, cuando te irritabas, podías tardar hasta tres días en calmarte, pero si continúas interrumpiendo los pensamientos furiosos, podrás llegar al punto en que tardarás apenas un día para abandonar esa rabia. Finalmente, apenas horas o hasta un minuto y medio. Estás comenzando a liberarte del sufrimiento.
Es importante notar que interrumpir los pensamientos no es lo mismo que reprimirlos. La represión es una negación de lo que está sucediendo y eso solo entierra los pensamientos donde pueden pudrirse. Al mismo tiempo, no queremos quedarnos persiguiendo los pensamientos y ser atrapados por ellos. Interrumpir los pensamientos queda en un punto entre aferrarse a ellos y apartarlos. Es una forma de permitir que los pensamientos vayan y vengan, que surjan y pasen, para no ser vistos como gran cosa.
La práctica consiste en entrenar la no persecución de los pensamientos, no en librarse de ellos completamente. Eso sería imposible. Con el profundizar de la práctica, se pueden experimentar momentos libres de pensamientos, extensiones mayores de tiempo sin pensar, pero siempre regresan. Esa es la naturaleza de la mente. Sin embargo, no es necesario hacer de los pensamientos nuestros villanos. Basta entrenar para poder interrumpir su impulso. La instrucción básica es dejar que los pensamientos pasen, o etiquetarlos como “pensar”, y quedarse con la inmediatez de la experiencia.
Todo tu ser deseará hacer la cosa habitual, deseará seguir el relato. El relato está asociado con la certeza y el confort. Sostiene tu sentido muy limitado y estático de ser, además de ofrecer la promesa de seguridad y felicidad. Solo que la promesa es falsa y cualquier felicidad que traiga es apenas temporal. Cuanto más practiques para no huir hacia el mundo de la fantasía de tus pensamientos y, en cambio, entres en contacto con la sensación de desraizamiento que tienes, más acostumbrado te volverás a experimentar las emociones como simples sensaciones; libres de conceptos, libres del relato, libres de las ideas fijas de bueno y malo.
(...) En un libro que leí recientemente, el autor hablaba sobre los seres humanos como seres en transición; seres que no están completamente cautivos ni completamente libres, sino en el proceso de despertar. Me parece útil pensar en mí de esa forma. Estoy en el proceso de convertirme, en el proceso de evolucionar. No estoy condenada ni completamente libre, pero creo mi futuro con cada palabra, cada acto, cada pensamiento. Me encuentro en una situación muy dinámica, con un potencial inimaginable. Tengo todo el apoyo que necesito para simplemente relajarme y convivir con la cualidad transicional en proceso de mi vida. Tengo todo lo que necesito para empeñarme en el proceso de despertar.
En lugar de llevar una vida de resistencia e intentar refutar nuestra situación básica de impermanencia y cambio, podríamos entrar en contacto con la ambigüedad esencial y acogerla. No nos gusta pensar en nosotros mismos como fijos e inmutables, pero emocionalmente invertimos en ello. Simplemente no queremos la incomodidad aterradora, inquietante de sentirnos sin base, desraizados. Sin embargo, no es necesario detener las actividades cuando sentimos el desraizamiento en cualquier forma.
En cambio, podemos volvernos hacia ella y decir: “Así es como se siente la liberación de la mente fija. Esta es la sensación de la liberación del corazón cerrado. Esta es la sensación de la bondad imparcial, irrestricta. Quizá me vuelva curioso y vea si puedo ir más allá de mi resistencia y experimentar la bondad.”
El budismo sostiene que la verdadera naturaleza de la mente es tan vasta como el cielo y que los pensamientos y emociones son como nubes que, desde nuestra perspectiva, lo oscurecen. Nos enseñan que, si queremos experimentar la infinitud del cielo, necesitamos ser curiosos respecto a esas nubes. Cuando miramos profundamente las nubes, se deshacen y allí está la vastedad del cielo. Nunca se fue a ningún lado. Siempre estuvo allí, momentáneamente oculto de nosotros por nubes fugaces, pasajeras. El camino del despertar requiere disciplina y coraje. Al principio, abandonar nuestros pensamientos y emociones como nubes es una cuestión de hábito. Los pensamientos y emociones pueden dificultarnos el contacto con la apertura de nuestra mente, pero son como viejos amigos que nos acompañan desde donde alcanza nuestra memoria y nos volvemos muy resistentes a despedirnos. Pero cada vez que comienzas a meditar, puedes decidir que intentarás abandonar los pensamientos y quedarte bien ahí con la inmediatez de tu experiencia. Quizá logres quedarte ahí apenas cinco segundos hoy, pero cualquier progreso hacia la no distracción es positivo.
Chögyam Trungpa tenía una imagen para nuestra tendencia a oscurecer la apertura de nuestro ser; la llamaba “maquillarse el espacio”. Podemos querer experimentar el espacio sin maquillaje. Quedarse abierto y receptivo, aunque sea por un corto período de tiempo, comienza a interrumpir nuestra resistencia arraigada a sentir lo que estamos sintiendo, a quedarse presente donde estamos.
Creer en el relato; es algo profundamente arraigado en nosotros. Declaramos nuestras opiniones como si fueran indiscutibles: “Jane es intrínsecamente horrible. Eso es un hecho.” “Ralph es intrínsecamente cautivador. No hay ninguna duda al respecto.” La forma de debilitar el hábito de aferrarse a las ideas fijas es cambiar el enfoque hacia una perspectiva más amplia. En lugar de quedarte atrapado en el drama, ve si logras sentir la energía dinámica de los pensamientos y emociones. Ve si logras experimentar el espacio alrededor de los pensamientos: experimenta cómo surgen en el espacio, permanecen un rato y después regresan al espacio. Si no reprimes los pensamientos y emociones y no corres con ellos, estarás en una posición interesante. La posición de no rechazar ni justificar queda bien en medio de la nada. Es allí donde finalmente podrás abrazar lo que estás sintiendo. Es allí donde podrás ver el cielo.
Mientras meditas, pueden surgir recuerdos de algo angustioso que ocurrió en el pasado. Ver todo eso puede ser bastante liberador. Pero si estás siempre visitando el recuerdo de algo angustioso, reprocesando lo que sucedió, y te obsesionas con el relato, se convierte en parte de tu identidad estática. Solo estás fortaleciendo tu propensión a experimentarte como el ofendido, la víctima. Estás fortaleciendo una propensión preexistente de culpar a otros; tus padres y alguien más; como aquellos que te trataron injustamente. Continuar reciclando el viejo relato es una forma de evitar la ambigüedad esencial. Las emociones siguen durando, sin interrupción, cuando las alimentamos con palabras. Es como derramar queroseno en una brasa para inflamarla. Sin las palabras, sin los pensamientos repetitivos, las emociones no duran más que un minuto y medio.
Nuestra identidad, que parece tan confiable, tan concreta, en realidad es muy fluida, muy dinámica. Las posibilidades de lo que pensamos y sentimos y la forma en que podemos experimentar la realidad son ilimitadas. Tenemos lo que es necesario para liberarnos del sufrimiento de una identidad fija y conectarnos con la naturaleza fugaz y misteriosa de nuestro ser, que no tiene identidad fija. Tu sentido de ti mismo; de quién crees que eres en el nivel relativo; es una versión muy restringida de quién realmente eres. Pero la buena noticia es que tu experiencia inmediata; quién pareces ser en este momento preciso; puede ser usada como entrada a tu verdadera naturaleza. Por medio del pleno involucramiento con este instante relativo del tiempo; el sonido que escuchas, el olor que percibes, el dolor o confort que sientes ahora; estando totalmente presente en tu experiencia, entras en contacto con la apertura ilimitada de tu ser. Todos nuestros patrones habituales son esfuerzos para mantener una identidad predecible: “Soy una persona furiosa”; “Soy una persona amistosa”; “soy un gusano”. Podemos trabajar con estos hábitos mentales cuando surgen y quedarnos con nuestra experiencia, no solo cuando estamos meditando, sino también en la vida cotidiana. Estemos solos o en compañía de otros, no importa qué estemos haciendo, la inquietud puede venir a la superficie en cualquier instante. Podemos pensar que estos sentimientos punzantes, penetrantes, son señales de peligro, pero en realidad son señales de que acabamos de entrar en contacto con la fluidez esencial de la vida. En lugar de escondernos de estos sentimientos, quedándonos en la burbuja del ego, podemos dejar pasar la verdad de cómo son realmente las cosas. Estos momentos son grandes oportunidades. Aunque estemos rodeados de gente; en una reunión de negocios, digamos; al sentir la inquietud surgiendo, podemos simplemente respirar y encarar los sentimientos. No es necesario entrar en pánico y cerrarnos en nosotros mismos. No es necesario reaccionar de la forma habitual. No es necesario luchar o huir. Podemos quedarnos involucrados con los otros y al mismo tiempo reconocer lo que estamos sintiendo.
Las instrucciones, en su forma simple, obedecen a tres pasos básicos:
Quedarse totalmente presente.
Sentir el corazón.
E involucrarse con el momento siguiente sin ninguna programación.
Trabajo con este método en el acto, bien en medio de las cosas. Cuanto más me quede presente en la meditación formal, más familiar se vuelve el proceso y más fácil es hacerlo en medio de situaciones cotidianas. Pero, independientemente de dónde practiquemos el estar presente, eso nos pondrá en contacto con la incertidumbre y cambio que son inherentes al estar vivo. Eso nos dará la oportunidad de entrenar para quedarnos despiertos a todo de lo que anteriormente huíamos atentos.
Los tres compromisos representan tres niveles de trabajo con el desraizamiento. La instrucción básica es sostenerlos para que te vuelvas amigo de ti mismo; para ser honesto contigo mismo y amable. Esto comienza con la disposición de estar atento siempre que experimentes la inquietud. A medida que estos sentimientos surgen, en lugar de huir, te apoyas en ellos. En lugar de intentar librarte de pensamientos y sentimientos, te vuelves curioso sobre ellos. Conforme te acostumbras a experimentar la sensación de estar libre de la interpretación, llegarás a entender que entrar en contacto con la ambigüedad esencial de ser humano proporciona una oportunidad preciosa; la oportunidad de quedarte con la vida tal como es, la oportunidad de experimentar la libertad de la vida sin un relato.”
Este fue un fragmento del libro “A Beleza da Vida; A incerteza, a mudança, a felicidade” de Pema Chödrön, una de las más brillantes maestras de meditación de la actualidad. Lleno de consejos prácticos, el libro sugiere un cambio de postura, una mayor claridad sobre la mente, el habla y las acciones. “Todos nosotros cargamos pesada equipaje de viejos hábitos, que afortunadamente pueden ser removibles. No necesitan sobrecargarnos permanentemente. En lugar de dejar que nuestras culpas nos arrastren hacia abajo, podemos usarlas para estimularnos a no repetir actos perjudiciales”, subraya la monja. Pema Chödrön recuerda que cada uno tiene sus válvulas de escape personales, como cerrar la mente ante la televisión, revisar correos electrónicos compulsivamente, comer en exceso o trabajar demasiado. Las enseñanzas reunidas en el libro, conocidas como “los tres compromisos”, proporcionan un crecimiento evolutivo para quien desea volverse más seguro y destemido ante los desafíos de la vida.
Tuve un sueño con mi ex marido: acababa de acomodarme para una noche tranquila en casa cuando él llegó con seis invitados desconocidos y después desapareció, dejándome a cargo de atenderlos. Quedé furiosa. Al despertar, lamenté: “Qué difícil es acabar con la rabia; creo que la propensión sigue ahí.” Entonces recordé un incidente que había ocurrido el día anterior y comencé a enfurecerme de nuevo. Esto me dejó totalmente perpleja y me di cuenta de que, durmiendo o despierta, es todo lo mismo. No es el contenido de nuestra película lo que necesita atención, sino el proyector. La raíz de nuestro dolor no está en el relato actual; está, ante todo, en nuestra propensión a molestarnos con las cosas.
La propensión a sentir lástima de nosotros mismos, a tener envidia, a tener rabia; nuestras reacciones emocionales tan familiares son como semillas que simplemente seguimos regando y nutriendo. Sin embargo, cada vez que hacemos una pausa y mantenemos contacto con la energía subyacente, dejamos de reforzar esas propensiones y comenzamos a abrirnos a posibilidades nuevas y refrescantes.
A medida que reacciones de modo diferente a un viejo hábito, percibirás los cambios. En el pasado, cuando te irritabas, podías tardar hasta tres días en calmarte, pero si continúas interrumpiendo los pensamientos furiosos, podrás llegar al punto en que tardarás apenas un día para abandonar esa rabia. Finalmente, apenas horas o hasta un minuto y medio. Estás comenzando a liberarte del sufrimiento.
Es importante notar que interrumpir los pensamientos no es lo mismo que reprimirlos. La represión es una negación de lo que está sucediendo y eso solo entierra los pensamientos donde pueden pudrirse. Al mismo tiempo, no queremos quedarnos persiguiendo los pensamientos y ser atrapados por ellos. Interrumpir los pensamientos queda en un punto entre aferrarse a ellos y apartarlos. Es una forma de permitir que los pensamientos vayan y vengan, que surjan y pasen, para no ser vistos como gran cosa.
La práctica consiste en entrenar la no persecución de los pensamientos, no en librarse de ellos completamente. Eso sería imposible. Con el profundizar de la práctica, se pueden experimentar momentos libres de pensamientos, extensiones mayores de tiempo sin pensar, pero siempre regresan. Esa es la naturaleza de la mente. Sin embargo, no es necesario hacer de los pensamientos nuestros villanos. Basta entrenar para poder interrumpir su impulso. La instrucción básica es dejar que los pensamientos pasen, o etiquetarlos como “pensar”, y quedarse con la inmediatez de la experiencia.
Todo tu ser deseará hacer la cosa habitual, deseará seguir el relato. El relato está asociado con la certeza y el confort. Sostiene tu sentido muy limitado y estático de ser, además de ofrecer la promesa de seguridad y felicidad. Solo que la promesa es falsa y cualquier felicidad que traiga es apenas temporal. Cuanto más practiques para no huir hacia el mundo de la fantasía de tus pensamientos y, en cambio, entres en contacto con la sensación de desraizamiento que tienes, más acostumbrado te volverás a experimentar las emociones como simples sensaciones; libres de conceptos, libres del relato, libres de las ideas fijas de bueno y malo.
(...) En un libro que leí recientemente, el autor hablaba sobre los seres humanos como seres en transición; seres que no están completamente cautivos ni completamente libres, sino en el proceso de despertar. Me parece útil pensar en mí de esa forma. Estoy en el proceso de convertirme, en el proceso de evolucionar. No estoy condenada ni completamente libre, pero creo mi futuro con cada palabra, cada acto, cada pensamiento. Me encuentro en una situación muy dinámica, con un potencial inimaginable. Tengo todo el apoyo que necesito para simplemente relajarme y convivir con la cualidad transicional en proceso de mi vida. Tengo todo lo que necesito para empeñarme en el proceso de despertar.
En lugar de llevar una vida de resistencia e intentar refutar nuestra situación básica de impermanencia y cambio, podríamos entrar en contacto con la ambigüedad esencial y acogerla. No nos gusta pensar en nosotros mismos como fijos e inmutables, pero emocionalmente invertimos en ello. Simplemente no queremos la incomodidad aterradora, inquietante de sentirnos sin base, desraizados. Sin embargo, no es necesario detener las actividades cuando sentimos el desraizamiento en cualquier forma.
En cambio, podemos volvernos hacia ella y decir: “Así es como se siente la liberación de la mente fija. Esta es la sensación de la liberación del corazón cerrado. Esta es la sensación de la bondad imparcial, irrestricta. Quizá me vuelva curioso y vea si puedo ir más allá de mi resistencia y experimentar la bondad.”
El budismo sostiene que la verdadera naturaleza de la mente es tan vasta como el cielo y que los pensamientos y emociones son como nubes que, desde nuestra perspectiva, lo oscurecen. Nos enseñan que, si queremos experimentar la infinitud del cielo, necesitamos ser curiosos respecto a esas nubes. Cuando miramos profundamente las nubes, se deshacen y allí está la vastedad del cielo. Nunca se fue a ningún lado. Siempre estuvo allí, momentáneamente oculto de nosotros por nubes fugaces, pasajeras. El camino del despertar requiere disciplina y coraje. Al principio, abandonar nuestros pensamientos y emociones como nubes es una cuestión de hábito. Los pensamientos y emociones pueden dificultarnos el contacto con la apertura de nuestra mente, pero son como viejos amigos que nos acompañan desde donde alcanza nuestra memoria y nos volvemos muy resistentes a despedirnos. Pero cada vez que comienzas a meditar, puedes decidir que intentarás abandonar los pensamientos y quedarte bien ahí con la inmediatez de tu experiencia. Quizá logres quedarte ahí apenas cinco segundos hoy, pero cualquier progreso hacia la no distracción es positivo.
Chögyam Trungpa tenía una imagen para nuestra tendencia a oscurecer la apertura de nuestro ser; la llamaba “maquillarse el espacio”. Podemos querer experimentar el espacio sin maquillaje. Quedarse abierto y receptivo, aunque sea por un corto período de tiempo, comienza a interrumpir nuestra resistencia arraigada a sentir lo que estamos sintiendo, a quedarse presente donde estamos.
Creer en el relato; es algo profundamente arraigado en nosotros. Declaramos nuestras opiniones como si fueran indiscutibles: “Jane es intrínsecamente horrible. Eso es un hecho.” “Ralph es intrínsecamente cautivador. No hay ninguna duda al respecto.” La forma de debilitar el hábito de aferrarse a las ideas fijas es cambiar el enfoque hacia una perspectiva más amplia. En lugar de quedarte atrapado en el drama, ve si logras sentir la energía dinámica de los pensamientos y emociones. Ve si logras experimentar el espacio alrededor de los pensamientos: experimenta cómo surgen en el espacio, permanecen un rato y después regresan al espacio. Si no reprimes los pensamientos y emociones y no corres con ellos, estarás en una posición interesante. La posición de no rechazar ni justificar queda bien en medio de la nada. Es allí donde finalmente podrás abrazar lo que estás sintiendo. Es allí donde podrás ver el cielo.
Mientras meditas, pueden surgir recuerdos de algo angustioso que ocurrió en el pasado. Ver todo eso puede ser bastante liberador. Pero si estás siempre visitando el recuerdo de algo angustioso, reprocesando lo que sucedió, y te obsesionas con el relato, se convierte en parte de tu identidad estática. Solo estás fortaleciendo tu propensión a experimentarte como el ofendido, la víctima. Estás fortaleciendo una propensión preexistente de culpar a otros; tus padres y alguien más; como aquellos que te trataron injustamente. Continuar reciclando el viejo relato es una forma de evitar la ambigüedad esencial. Las emociones siguen durando, sin interrupción, cuando las alimentamos con palabras. Es como derramar queroseno en una brasa para inflamarla. Sin las palabras, sin los pensamientos repetitivos, las emociones no duran más que un minuto y medio.
Nuestra identidad, que parece tan confiable, tan concreta, en realidad es muy fluida, muy dinámica. Las posibilidades de lo que pensamos y sentimos y la forma en que podemos experimentar la realidad son ilimitadas. Tenemos lo que es necesario para liberarnos del sufrimiento de una identidad fija y conectarnos con la naturaleza fugaz y misteriosa de nuestro ser, que no tiene identidad fija. Tu sentido de ti mismo; de quién crees que eres en el nivel relativo; es una versión muy restringida de quién realmente eres. Pero la buena noticia es que tu experiencia inmediata; quién pareces ser en este momento preciso; puede ser usada como entrada a tu verdadera naturaleza. Por medio del pleno involucramiento con este instante relativo del tiempo; el sonido que escuchas, el olor que percibes, el dolor o confort que sientes ahora; estando totalmente presente en tu experiencia, entras en contacto con la apertura ilimitada de tu ser. Todos nuestros patrones habituales son esfuerzos para mantener una identidad predecible: “Soy una persona furiosa”; “Soy una persona amistosa”; “soy un gusano”. Podemos trabajar con estos hábitos mentales cuando surgen y quedarnos con nuestra experiencia, no solo cuando estamos meditando, sino también en la vida cotidiana. Estemos solos o en compañía de otros, no importa qué estemos haciendo, la inquietud puede venir a la superficie en cualquier instante. Podemos pensar que estos sentimientos punzantes, penetrantes, son señales de peligro, pero en realidad son señales de que acabamos de entrar en contacto con la fluidez esencial de la vida. En lugar de escondernos de estos sentimientos, quedándonos en la burbuja del ego, podemos dejar pasar la verdad de cómo son realmente las cosas. Estos momentos son grandes oportunidades. Aunque estemos rodeados de gente; en una reunión de negocios, digamos; al sentir la inquietud surgiendo, podemos simplemente respirar y encarar los sentimientos. No es necesario entrar en pánico y cerrarnos en nosotros mismos. No es necesario reaccionar de la forma habitual. No es necesario luchar o huir. Podemos quedarnos involucrados con los otros y al mismo tiempo reconocer lo que estamos sintiendo.
Las instrucciones, en su forma simple, obedecen a tres pasos básicos:
Quedarse totalmente presente.
Sentir el corazón.
E involucrarse con el momento siguiente sin ninguna programación.
Trabajo con este método en el acto, bien en medio de las cosas. Cuanto más me quede presente en la meditación formal, más familiar se vuelve el proceso y más fácil es hacerlo en medio de situaciones cotidianas. Pero, independientemente de dónde practiquemos el estar presente, eso nos pondrá en contacto con la incertidumbre y cambio que son inherentes al estar vivo. Eso nos dará la oportunidad de entrenar para quedarnos despiertos a todo de lo que anteriormente huíamos atentos.
Los tres compromisos representan tres niveles de trabajo con el desraizamiento. La instrucción básica es sostenerlos para que te vuelvas amigo de ti mismo; para ser honesto contigo mismo y amable. Esto comienza con la disposición de estar atento siempre que experimentes la inquietud. A medida que estos sentimientos surgen, en lugar de huir, te apoyas en ellos. En lugar de intentar librarte de pensamientos y sentimientos, te vuelves curioso sobre ellos. Conforme te acostumbras a experimentar la sensación de estar libre de la interpretación, llegarás a entender que entrar en contacto con la ambigüedad esencial de ser humano proporciona una oportunidad preciosa; la oportunidad de quedarte con la vida tal como es, la oportunidad de experimentar la libertad de la vida sin un relato.”
Este fue un fragmento del libro “A Beleza da Vida; A incerteza, a mudança, a felicidade” de Pema Chödrön, una de las más brillantes maestras de meditación de la actualidad. Lleno de consejos prácticos, el libro sugiere un cambio de postura, una mayor claridad sobre la mente, el habla y las acciones. “Todos nosotros cargamos pesada equipaje de viejos hábitos, que afortunadamente pueden ser removibles. No necesitan sobrecargarnos permanentemente. En lugar de dejar que nuestras culpas nos arrastren hacia abajo, podemos usarlas para estimularnos a no repetir actos perjudiciales”, subraya la monja. Pema Chödrön recuerda que cada uno tiene sus válvulas de escape personales, como cerrar la mente ante la televisión, revisar correos electrónicos compulsivamente, comer en exceso o trabajar demasiado. Las enseñanzas reunidas en el libro, conocidas como “los tres compromisos”, proporcionan un crecimiento evolutivo para quien desea volverse más seguro y destemido ante los desafíos de la vida.