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Cómo cambia tu cerebro cuando meditas

Por Richard J. Davidson

Hace no mucho tiempo, la mayoría de nosotros creía que el cerebro con el que nacíamos era estático; que después de cierta edad, los "circuitos" de conexiones neurales que teníamos eran los únicos con los que contaríamos a largo plazo.

Si avanzamos una o dos décadas, nos encontramos con lo opuesto: el cerebro está diseñado para adaptarse constantemente. Richie Davidson, neurocientífico de renombre mundial del Center for Healthy Minds de la Universidad de Wisconsin-Madison, junto con sus colegas, quiere que sepamos tres cosas:

  1) puedes entrenar tu cerebro para cambiar

  2) el cambio es medible,

  3) nuevas formas de pensar pueden mejorarlo.

Es difícil comprender cómo es posible. Meditar no es nada parecido a tomar una píldora u otra corrección que actúa rápidamente, entrando en nuestro torrente sanguíneo, atravesando la barrera hematoencefálica si es necesario, para producir una sensación inmediata o un alivio.

Pero así como aprendemos a tocar piano con la práctica, lo mismo ocurre con el desarrollo del bienestar y la felicidad. Davidson afirmó que el cerebro continúa cambiando a lo largo de toda la vida. Considera que es una noticia muy buena:

"Podemos moldear intencionalmente la dirección de los cambios de plasticidad en nuestro cerebro. Al concentrarnos en pensamientos beneficiosos, por ejemplo, y dirigiendo nuestras intenciones de esa manera, podemos potencialmente influir en la plasticidad de nuestro cerebro y moldearlo de forma ventajosa. Esto nos lleva a la conclusión inevitable de que cualidades como la bondad y el bienestar deben considerarse como capacidades."

Davidson añade que la investigación sobre neuroplasticidad proporciona a los neurocientíficos un marco para acompañar las investigaciones sobre meditación. Y el Instituto está comenzando a ver que "incluso cantidades cortas de práctica", como 30 minutos de meditación al día, "pueden inducir cambios medibles en el cerebro", que pueden monitorearse en un escáner cerebral.

Con base en investigaciones recientes, elegimos compartir cuatro cambios cerebrales que pueden ocurrir si practicas mindfulness:

Aumento de materia gris y espesor cortical en las siguientes áreas clave:


Corteza cingulada anterior: Se ha observado un aumento de materia gris en la corteza cingulada anterior (ACC), una estructura ubicada detrás del lóbulo frontal del cerebro. Se ha asociado con funciones como: procesos de autorregulación, incluyendo la capacidad de monitorear conflictos de atención y permitir mayor flexibilidad cognitiva.

Corteza prefrontal: También se ha encontrado un aumento de densidad de sustancia gris en áreas del lóbulo prefrontal, que son los principales responsables de la función ejecutiva, como la planificación, la resolución de problemas y la regulación emocional.

Hipocampo: También se ha observado un aumento del espesor cortical en el hipocampo. El hipocampo es la parte del sistema límbico que gobierna el aprendizaje y la memoria, y es extraordinariamente susceptible al estrés y a trastornos relacionados con el estrés, como la depresión o el estrés postraumático.

Disminución del tamaño de la amígdala:

Los estudios han demostrado que la amígdala, conocida como el centro de "lucha o huida" de nuestro cerebro y la sede de nuestras emociones de miedo y ansiedad, disminuye en volumen de células cerebrales después de la práctica de meditación.

Funcionalidad reducida o mejorada en determinadas redes y conexiones:

No solo la amígdala se reduce después de la práctica, sino que también las conexiones funcionales entre la amígdala y la corteza prefrontal se debilitan. Esto permite menos reactividad y abre el camino para que se fortalezcan las conexiones entre áreas asociadas con funciones superiores del cerebro, como la atención y la concentración.

Actividad reducida del centro del "yo" cerebral

La Red Neuronal por Defecto (DMN) se activa cuando nuestras mentes van sin rumbo de un pensamiento a otro, una respuesta que a veces se compara con la rumiación y no siempre es adaptativa respecto al bienestar general. La práctica de meditación reduce la activación de esta "mente de mono".

El impacto que la práctica ejerce sobre nuestro cerebro depende de la rutina: una evaluación lenta, constante y consistente de nuestras realidades, y la capacidad de dar un paso atrás, nos hace más alertas, más tolerantes, menos críticos y menos reactivos. Así como tocar piano una y otra vez a lo largo del tiempo fortalece y apoya las redes cerebrales involucradas en la reproducción de música, el mindfulness a lo largo del tiempo puede hacer que el cerebro, y por lo tanto nosotros mismos, seamos más presentes, con una propensión a responder los desafíos del mundo de forma lúcida en lugar de reaccionar sin consciencia.