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La liberación de los pensamientos

Por Matthieu Ricard

"Hemos hablado mucho de la posibilidad del cambio. ¿Cómo sucede esto en el contexto de la formación contemplativa? Sabemos que las emociones duran algunos segundos, que los estados de ánimo duran, digamos, un día, y que el temperamento es algo que se modela con el paso de los años. Por lo tanto, si queremos cambiar, es obvio que necesitamos primero actuar con relación a las emociones, y esto ayudará a modificar nuestros estados de ánimo, que, por fin, se estabilizarán en la forma de un temperamento modificado. En otras palabras, necesitamos comenzar a trabajar con los acontecimientos instantáneos que ocurren en la mente. Como decimos, si cuidamos de los minutos, las horas cuidarán de sí mismas. Por lo tanto, una de las cuestiones principales tiene relación con el modo en que ocurre el encadenamiento de los pensamientos, el modo en que un pensamiento lleva al otro. 

Mi profesor me contó una historia acerca de un ex-jefe guerrero del este del Tibet que abandonó todas las actividades marciales y mundanas, y se fue a una cueva a meditar. Pasó algunos años allí. Cierto día una bandada de palomas se posó frente a la cueva y él les dio un puñado de granos. Mientras observaba, sin embargo, las palomas le recordaron las legiones de guerreros que había tenido bajo su comando, y esto le hizo recordar las expediciones; y se enojó nuevamente al pensar en los antiguos enemigos. Estos recuerdos pronto invadieron su mente y bajó al valle, encontró a los antiguos compañeros y volvió a la guerra. Esto ejemplifica cómo un pequeño pensamiento puede convertirse en una obsesión, cómo una minúscula nube blanca crece y se transforma en una enorme nube oscura repleta de rayos. ¿Cómo lidiar con esto? Cuando hablamos de meditación, la palabra usada en tibetano significa, en realidad, “familiarización”.

Necesitamos familiarizarnos con un nuevo modo de lidiar con el surgimiento de los pensamientos. Al inicio, cuando surge un pensamiento de ira, deseo o celos, no estamos preparados para él. Por lo tanto, en pocos segundos, ese pensamiento da origen a un segundo y a un tercero, y pronto nuestro panorama mental es invadido por pensamientos que solidifican nuestra rabia o celos y, entonces, es demasiado tarde. Así sucede cuando una chispa incendia un bosque, y estamos en apuros.

La manera elemental de intervenir se llama “mirar hacia atrás”, hacia el pensamiento. Cuando surge un pensamiento, necesitamos observarlo y observar su fuente. Necesitamos investigar la naturaleza de ese pensamiento que parece tan sólido. Al encararlo, su solidez tan óbvia se derrite y el pensamiento se extingue sin dar origen a un encadenamiento de pensamientos. La cuestión no es intentar bloquear el surgimiento de pensamientos, esto ni siquiera es posible, sino no dejarlo invadir nuestra mente. Necesitamos hacerlo varias veces porque no estamos acostumbrados a lidiar con los pensamientos de esta manera. 

Somos como una hoja de papel que estuvo enrollada durante mucho tiempo. Cuando intentamos abrirla sobre la mesa, se enrolla de nuevo en el instante en que levantamos las manos. Así es como se realiza el entrenamiento. Quizás haya quien pregunte qué hacen las personas en los retiros, pasando ocho horas al día sentados. Hacen exactamente esto: se familiarizan con un nuevo modo de lidiar con el surgimiento de los pensamientos. Cuando comenzamos a acostumbrarnos al reconocimiento de los pensamientos es como si fuéramos capaces de identificar rápidamente en una multitud a alguien que conocemos. Cuando surge un pensamiento potente de fuerte atracción o rabia sabemos que va a llevar a una proliferación de pensamientos, pasamos a reconocerlo: “Ah, allá viene esa idea”. Este es el primer paso. Ayuda mucho a evitar que tal pensamiento te domine. Después de acostumbrarse a esto, el proceso de lidiar con los pensamientos se vuelve más natural. No es preciso luchar y aplicar antídotos específicos a cada pensamiento negativo, porque sabemos cómo dejarlo desvanecerse sin dejar rastros. Los pensamientos se desatan. El ejemplo dado es el de una serpiente. Si ella se da un nudo en el cuerpo, consigue deshacer ese nudo sin esfuerzo, sin precisar de ninguna ayuda externa. Por fin, habrá una época en que los pensamientos llegarán y partirán como un pájaro que pasa por el cielo, sin dejar rastros.

Otro ejemplo dado es el del ladrón que entra en una casa vacía. El propietario no tiene nada que perder y el ladrón no tiene nada que ganar. Es una experiencia de libertad. No nos volvemos simplemente apáticos, como vegetales, sino que pasamos a dominar los pensamientos. Ellos no nos llevan más por las riendas. Esto solo puede suceder por intermedio del entrenamiento constante y la experiencia genuina. También es así como podemos, poco a poco, adquirir ciertas cualidades que pasarán a integrar nuestra naturaleza, se vuelven un nuevo temperamento.”

Este fue un fragmento de la charla de Matthieu Ricard, transcrita del libro “Cómo lidiar con emociones destructivas”, que documenta la colaboración entre el Dalai Lama y un grupo de científicos para comprender y combatir las emociones destructivas.