Volver al Blog

Despertando a tu mundo

Por Pema Chödrön

Uno de mis temas favoritos de contemplación es la siguiente pregunta: "Dado que la muerte es segura, pero la hora de la muerte es incierta, cuál es lo más importante?" Sabes que vas a morir, pero realmente no sabes cuánto tiempo tienes para despertar de tu capullo de patrones habituales. No sabes cuánto tiempo te queda para cumplir con el potencial de tu precioso nacimiento humano. Dado esto, cuál es lo más importante?

En todos los días de tu vida, en todas las mañanas de tu vida, podrías preguntarte: "Mientras avanzo por este día, cuál es lo más importante? Cuál es el mejor uso de este día?" A mi edad, es algo aterrador cuando me acuesto por la noche y observo cómo fue el día, y parece que lo atravesé en un instante. ¿Fue un día completo? ¿Qué hice con él? ¿Me moví aunque sea mínimamente hacia ser más compasiva, amorosa y cuidadosa, hacia estar totalmente despierta? ¿Mi mente se abrió más? ¿Qué hice realmente? Siento que hay tan poco tiempo y cuán importante es la manera en que lo gastamos.

Cuál es el mejor uso de cada día de nuestras vidas? En un día bastante corto, cada uno de nosotros podría volverse más cuerdo, más compasivo, más suave, más en contacto con la cualidad onírica de la realidad. O podríamos enterrar estas cualidades más profundamente y entrar en contacto con la mente sólida, retrayéndonos aún más dentro de nuestros propios capullos.

Cada vez que un patrón habitual se fortalece, cada vez que nos sentimos tomados por el piloto automático, podríamos verlo como una oportunidad. (...) Cuando percibimos que estamos atrapados, que estamos en piloto automático, ¿qué hacemos a continuación? Esta es una pregunta central para quien practica. Una de las maneras más eficaces para trabajar con ese momento en que ves la tormenta de tendencias habituales formarse es la práctica de pausar, o crear un espacio. Podemos detenernos y tomar tres respiraciones conscientes y, así, el mundo tiene la oportunidad de abrirse para nosotros dentro de ese espacio. Podemos permitir el espacio dentro de nuestro estado mental.

Antes de hablar más sobre pausar conscientemente y crear un espacio, puede ser útil apreciar el espacio que ya existe en nuestro entorno. La mente despierta existe en nuestros alrededores; en el aire y el viento, en el mar, en la tierra, en los animales; pero ¿con qué frecuencia estamos realmente en contacto con eso? ¿Estamos sacando nuestras cabezas de nuestros capullos el tiempo suficiente para verdaderamente probarlo, experimentarlo, permitir que cambie algo en nosotros, permitir que penetre en la manera usual en que miramos las cosas?

Si reservas algo de tiempo para practicar meditación formalmente, tal vez temprano por la mañana, hay mucho silencio y espacio. La práctica de la meditación en sí es una manera de crear espacios. Cada vez que percibes que estás pensando y dejas que tus pensamientos se vayan, estás creando un espacio. Cada vez que la exhalación sale, estás creando un espacio. Tal vez no lo experimentes siempre de esa forma, pero la instrucción básica de la meditación está diseñada para estar llena de espacios. Si no llenas tu tiempo de práctica con la mente discursiva, con tus preocupaciones y obsesiones y ese tipo de cosas, tienes tiempo para experimentar las bendiciones de tu entorno. Puedes simplemente sentarte ahí, en silencio. Así, tal vez el silencio nazca en ti, y la sacralidad del espacio penetrará.

O tal vez no. Tal vez ya estés tomado por el trabajo que tienes para hoy, por los proyectos que no terminaste el día anterior. Tal vez te preocupes por algo que necesita hacerse, o que no se hizo, o por una carta que acabas de recibir. Tal vez estés tomado por una mente ocupada, tomado por la duda o el miedo, la depresión o el desaliento. En otras palabras, te fuiste a tu capullo.

Para todos nosotros, la experiencia de nuestros enredos difiere cada día. Aun así, si te conectas con las bendiciones de tu entorno; la quietud, la magia y el poder; tal vez ese sentimiento pueda permanecer contigo y puedas ir a tu día con él. Sea lo que sea que estés haciendo, la magia, la sacralidad, la expansividad, la quietud, permanecen contigo. Cuando estás en contacto con ese entorno más amplio, esto puede cortar a través de tu mentalidad de capullo.

Por otro lado, sé, por experiencia personal, cuán fuerte puede ser la mente habitual. La mente discursiva, la mente ocupada, preocupada, tomada, desorientada, es poderosa. Esta es otra razón para hacer lo más importante; percibir cuán poderosa es la oportunidad de cada día, y cuán fácil es desperdiciarla. Si no permites que tu mente se abra y se conecte con dónde estás, con la inmediatez de tu experiencia, podrías sumergirte fácilmente. Podrías estar completamente tomado y distraído por los detalles de tu vida, desde el momento en que te levantas de la cama por la mañana hasta que caes dormido cuando anochece.

Te vuelves tan tomado por el contenido de tu vida, por los detalles que crean cada día, te vuelves tan absorto en el gran proyecto que tienes que hacer que las bendiciones, la magia, la quietud y la vastedad se te escapan. Nunca emerges de tu capullo, excepto cuando hay un ruido tan fuerte que no puedes evitar notarlo, o algo te sorprende, o captura tu mirada. Entonces, por un momento, sacas la cabeza y te das cuenta "¡Vaya! Mira ese cielo. Mira esa ardilla. Mira esa persona."

El gran maestro tibetano del siglo XIV, Longchenpa, habló sobre nuestro enfoque despropositado e inútil en los detalles, volviéndonos tan atrapados que no podemos ver lo que está frente a nuestra nariz. Habla de cómo este enfoque inútil se extiende momento a momento, creando una continuidad, y así, días, meses e incluso vidas enteras pasan. ¿Gastas todo tu tiempo simplemente pensando en las cosas, distrayndote con tu propia mente, completamente perdido en pensamientos? Yo misma conozco este hábito muy bien. Se trata del dilema humano. Es lo que el Buda reconoció y lo que todos los maestros que han vivido desde entonces han reconocido. Es frente a esto que estamos.

"Sí, pero...", decimos. Sí, pero tengo un trabajo que hacer, hay un plazo, hay una infinidad de correos electrónicos con los que tengo que lidiar, tengo que cocinar y limpiar y tengo mis tareas. ¿Cómo deberíamos lidiar con todo lo que tenemos que hacer en un día, una semana, un mes, sin perder la preciosa oportunidad de experimentar quiénes somos realmente? No solo tenemos una vida humana preciosa, sino que esta vida humana preciosa está hecha de momentos humanos preciosos. Cómo los gastamos es muy importante. Sí, tenemos trabajos que hacer; no nos quedamos simplemente sentados meditando todo el día, ni siquiera dentro de un centro de retiro. Poseemos la esencia real de las relaciones; la manera en que vivimos juntos, cómo nos rozamos unos a otros. Enfrentar las dificultades solos, apartándonos de las personas que creemos nos están distrayendo, no resuelve nada. Parte de nuestro dilema es aprender a trabajar con los sentimientos que las relaciones nos traen. También nos proporcionan las oportunidades para hacer lo más importante.

Si pasaste la mañana perdido en pensamientos, preocupándote por lo que necesitas hacer por la tarde, ya trabajando en cada brecha que puedas encontrar, perdiste varias oportunidades y ni siquiera es la hora del almuerzo aún. Pero si la mañana se caracterizó por al menos algo de espacialidad, alguna apertura en tu mente y tu corazón, alguna brecha en tu manera usual de ser arrastrado, tarde o temprano esto comenzará a penetrar el resto de tu día.

Si no te has acostumbrado a la experiencia de la apertura, si no has adquirido ningún sabor de esto, entonces no hay ninguna posibilidad de que la tarde sea influenciada por ello. Por otro lado, si le diste una oportunidad a la apertura, no importa si estás meditando, trabajando en la computadora o cocinando, la magia estará ahí para ti, impregnando tu vida.

Como dije, nuestros hábitos son poderosos, así que cierta disciplina es necesaria para dar el paso fuera de nuestros capullos y para recibir la magia de nuestro entorno. La práctica de pausar; la práctica de tomar tres respiraciones conscientes en cualquier momento cuando notamos que estamos atrapados; es una práctica simple pero poderosa que cada uno de nosotros puede hacer en cualquier momento.

La práctica de pausar puede transformar cada día de nuestras vidas. Crea una puerta abierta a la sacralidad del lugar donde te encuentras. La vastedad, la quietud y la magia del lugar brillarán sobre ti si permites que tu mente se relaje y suelte, solo por algunas respiraciones, la narrativa en la que has estado trabajando tan duro para mantener. Si pausas el tiempo suficiente, puedes reconectarte con el lugar exacto donde estás, con la inmediatez de tu experiencia.

Cuando te estás despertando por la mañana y aún no te has levantado de la cama, incluso si estás retrasado, podrías simplemente observar y soltar la narrativa y tomar tres respiraciones conscientes. ¡Solo está donde estás! Cuando te estás lavando la cara, o haciendo café o té, o cepillándote los dientes, simplemente crea una brecha en tu mente discursiva. Toma tres respiraciones conscientes. Solo pausa. Deja que se vuelva un contraste con respecto a estar completamente atrapado. Deja que sea como reventar una burbuja. Deja que sea solo un momento en el tiempo, y luego sigue adelante.

Estás a punto de hacer lo que sea que necesite hacerse ese día. Tal vez estés en tu auto o en el autobús, o de pie en una fila. Pero aún puedes crear esa brecha tomando tres respiraciones conscientes y estando exactamente ahí, con la inmediatez de tu experiencia. Exactamente ahí, con lo que sea que estés viendo, con lo que sea que estés haciendo, con lo que sea que estés sintiendo.

Otra manera poderosa de practicar la pausa es simplemente escuchar por un momento. En lugar de la visión como siendo la percepción sensorial predominante, deja que el sonido, que la escucha sea el sentido predominante de percepción. Es una forma muy poderosa de cortar a través de nuestra manera convencional de mirar el mundo. En cualquier momento, puedes simplemente detenerte y escuchar inmediatamente. No importa qué sonido en particular escuches; simplemente creas una brecha escuchándolo atentamente.

En cualquier momento podrías simplemente escuchar. En cualquier momento, podrías poner toda tu atención en la inmediatez de tu experiencia. Podrías mirar tu mano descansando en tu pierna, o sentir tus glúteos sentados en el sofá o en la silla. Podrías simplemente estar aquí. En lugar de no estar aquí, en lugar de estar absorto por pensamientos, planes y preocupaciones, interrumpido del poder y la magia del momento, podrías estar aquí. Cuando salgas a caminar, pausa frecuentemente; detente y escucha. Detente y toma tres respiraciones conscientes. Cómo creas específicamente esa brecha en realidad no importa. Solo encuentra una forma de puntuar tu vida con estos momentos libres de pensamiento. No es necesario que sean minutos libres de pensamiento; basta con que sean no más que una respiración, que un segundo. Puntúa, crea brechas. Tan pronto como lo hagas, percibirás cuán grande es el cielo, cuán grande es tu mente.

Cuando estás trabajando es tan fácil consumirse, particularmente con computadoras. Tienen una manera de hipnotizarte, pero podrías tener una alarma en tu computadora que te recuerde crear una brecha. No importa cuán desafiante sea tu trabajo, no importa cuánto te esté atrapando, simplemente sigue pausando, sigue permitiendo alguna brecha. Cuando estás atrapado por tus patrones habituales, no lo veas como un gran problema; permite una brecha.

Cuando estás completamente envuelto en algo y pausas, una inteligencia natural hace clic y tienes una sensación de la cosa correcta a hacer. Esto es parte de la magia: nuestra propia inteligencia natural siempre está ahí para informarnos, siempre que permitamos la brecha. Mientras estemos en piloto automático, dictados por nuestras mentes y nuestras emociones, no hay inteligencia. Es una carrera de ratas. Ya sea que estemos en un centro de retiro o en Wall Street, se vuelve el lugar más ocupado, más enredado del mundo.

Pausa, conectate con la inmediatez de tu experiencia, conectate con las bendiciones; libérate del capullo del auto-envolvimiento, hablándote a ti mismo todo el tiempo, completamente obsesionado. Permite una brecha, brecha, brecha. Solo haz esto, una y otra vez y otra vez; permítete a ti mismo el espacio para percibir quién eres. Percibe cuán grande es tu mente; percibe cuán grande es el espacio que nunca se fue, pero que has estado ignorando.

Encuentra una manera de desacelerar. Encuentra una manera de relajarte. Encuentra una manera de relajar tu mente y haz esto muchas y muchas veces, continuamente a lo largo del día, no solo cuando estás atrapado, sino todo el tiempo. En su raíz, estar atrapado por el pensamiento discursivo, continuamente auto-envuelto con planes discursivos, preocupaciones y demás, se trata de apego a nosotros mismos. Es la manifestación superficial del apego al ego.

Entonces, cuál es lo más importante a hacer cada día? Con cada mañana, cada tarde, cada anochecer? Es permitir una brecha. No importa si estás practicando meditación o si estás trabajando, hay una continuidad detrás. Estas brechas, estas puntuaciones, son como abrir agujeros en las nubes, abrir agujeros en el capullo. Y estas brechas pueden extenderse para que puedan permear tu vida entera, para que entonces la continuidad ya no sea la continuidad del pensamiento discursivo, sino una brecha continua.

Pero antes de que nos dejemos llevar por la idea de brecha continua, seamos realistas sobre dónde realmente estamos. Primero, necesitamos recordarnos a nosotros mismos cuál es lo más importante. Luego, necesitamos aprender cómo equilibrar esto con el hecho de que tenemos trabajos que hacer, lo que puede hacer que nos sumerjamos en los detalles de nuestras vidas y nos tomemos por el capullo de nuestros patrones durante todo el día. Entonces, encuentra maneras de crear la brecha frecuentemente, recurrentemente, continuamente. De esta manera, te permites a ti mismo el espacio para conectarte con el cielo y el océano y los pájaros y la tierra, y con las bendiciones del mundo sagrado. Date a ti mismo la oportunidad de salir de tu capullo.

Artículo publicado originalmente en lionsroar