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Cómo el entrenamiento en meditación transforma el cerebro, el individuo y la sociedad en general

Por Tania Singer

Tania Singer es directora del departamento de Neurociencia Social en el Instituto Max Planck para Ciencias Humanas Cognitivas y Cerebrales en Leipzig, Alemania. Forma parte del consejo de directores del Instituto Mind & Life y en 2015 publicó el libro Caring Economics: Conversations on Altruism and Compassion, Between Scientists, Economists, and the Dalai Lama.

Singer fue invitada para compartir los últimos hallazgos del Proyecto ReSource, un estudio longitudinal de gran escala en el que ella es la investigadora principal. El objetivo de esta investigación es evaluar los efectos del entrenamiento mental en el bienestar subjetivo, la salud, la plasticidad cerebral, las funcionalidades cognitivas y afectivas, el sistema nervioso autónomo y el comportamiento.

El estudio incluye más de 300 participantes y un entrenamiento mental de 9 meses compuesto por tres partes distintas. A lo largo del proyecto, los participantes fueron evaluados repetidamente usando más de 90 mediciones, incluyendo experimentos conductuales, análisis de sangre para medir hormonas de estrés e imágenes de resonancia magnética del cerebro.

La escala y el rigor del Proyecto ReSource son impresionantes, pero aún más impresionantes son sus objetivos.

El enfoque integrador de Singer se esfuerza por abordar amplias cuestiones sociales mediante el uso de herramientas de la psicología y la neurociencia. ¿Pueden los cambios en el cerebro contribuir a un mundo más pacífico y democrático? ¿Podría la práctica de meditación combatir las crisis económicas y ambientales? Si los individuos son capaces de aumentar sus capacidades para el altruismo, ¿podrían también transformarse los sistemas sociales hacia algo mejor?

Para comenzar a responder estas preguntas, el Proyecto ReSource probó tres módulos de métodos de entrenamiento distintos basados en meditaciones, cada uno enfocado en el desarrollo de alguna capacidad mental o emocional específica. O, como Singer lo expresa durante la conversación, "en el cultivo de la mente y el corazón."

Un módulo, llamado Presencia, se enfoca en la práctica de la atención y la conciencia introspectivas. Quienes practican meditación estarán familiarizados con estos ejercicios, como prestar atención a la propia respiración e involucrarse en un escaneo atento del cuerpo.

Otro módulo, llamado Afecto, se enfocó en la construcción de la compasión así como en el manejo de emociones difíciles. El entrenamiento incluyó la meditación de loving-kindness proveniente de la tradición budista.

El tercer módulo, Perspectiva, se enfocó en habilidades metacognitivas, o "pensar sobre pensar", y en la teoría de la mente; la capacidad de entender que otras personas pueden tener creencias y perspectivas diferentes a las nuestras.

Los participantes recibieron entrenamiento en los tres módulos (cada uno con una duración de tres meses), pero en secuencias diferentes. Esta estructura permitió que los investigadores examinaran los efectos de cada entrenamiento específicamente en las mismas personas, mientras observaban los cambios a lo largo del tiempo.

Singer y su equipo midieron el engrosamiento cortical, lugares en el cerebro donde había mayores cantidades de materia gris que anteriormente. Uno de los hallazgos más intrigantes provino del módulo Afecto. Después de tres meses de este entrenamiento en compasión basado en meditación, las imágenes cerebrales de los participantes revelaron alteraciones en una red asociada al procesamiento socioemocional. Así, el patrón de engrosamiento cortical sugirió un posible aumento en las capacidades sociales y emocionales.

Para observar cómo estos cambios cerebrales se relacionaban con la experiencia emocional de los participantes, se realizaron pruebas que medían sus reacciones al ver videos emocionalmente perturbadores. Este experimento mostró un aumento en la compasión de los participantes desde los niveles previos al entrenamiento, sugiriendo que no solo sus cerebros fueron alterados, sino también la forma en que se sienten en respuesta al sufrimiento. Las pruebas también mostraron un aumento en el altruismo, que es la expresión de la compasión en situaciones de la vida real.

Durante el entrenamiento los participantes aprendieron nuevas habilidades, y este cambio dejó evidencias físicas en la estructura de sus cerebros. En este caso, las habilidades aprendidas no se refieren a la mejora de la memoria o a una respuesta más rápida a estímulos físicos, sino a un corazón más amplio y vulnerable.

Además, los análisis de sangre revelaron que estos participantes tenían menores niveles de cortisol, la principal hormona del estrés en el cuerpo, en respuesta a una experiencia socialmente estresante. Singer planteó que aprender a tener compasión y conectar con otros puede haber creado una especie de "tiempo de procesamiento" para el estrés social en estos participantes.

Este trabajo desafía antiguas ideas sobre si las personas son capaces de cambiar o no. "La teoría clásica de la economía ha estado presumiendo durante un largo período que las características humanas, llamadas preferencias, son fijas e independientes del contexto. La idea era que nacemos cada uno de cierta forma: algunos son más altruistas, otros más egoístas," explicó Singer. "La creencia era que tales preferencias no cambian en un individuo."

La investigación pionera de Singer sugiere que no solo estas características cambian, tanto biológica como conductualmente, sino que pueden ser cultivadas deliberada y específicamente a través de la meditación.

Por ejemplo, Singer descubrió que los tres módulos de entrenamiento afectaron el espesor cortical en diferentes redes cerebrales. El entrenamiento del módulo Presencia llevó a un aumento en el espesor cortical de regiones prefrontales, áreas relacionadas con la atención. El entrenamiento del módulo Afecto llevó a cambios en las regiones fronto-insular relacionadas al procesamiento socioemocional. Y el entrenamiento en el módulo Perspectiva causó alteraciones en las cortezas temporal frontal inferior y lateral, estructuras cerebrales relacionadas con la teoría de la mente.

Estos hallazgos se alinean con otro trabajo que sugiere que la compasión está asociada a una red cerebral que no se superpone con aquellas destinadas a la metacognición y la teoría de la mente. De manera similar, en el Proyecto ReSource, el entrenamiento en atención no alteró las redes neurales relacionadas con la compasión o los comportamientos compasivos. Las estructuras cerebrales subyacentes son diferentes y pueden cultivarse por separado.

Durante la discusión, Michael Sheehy, director de programas en el Instituto Mind & Life, comentó que la meditación no tiene necesariamente una dimensión moral, a menos que sea intencionalmente aplicada a cuestiones morales. La calma interior no siempre corresponde a la compasión.

Singer estuvo de acuerdo y señaló que en el estudio ReSource, entrenar la conciencia introspectiva antes de entrenar capacidades emocionales o metacognitivas pareció ayudar en el desarrollo de estas capacidades cuando llegó el momento de entrenarlas. La calma interior puede hacer que la compasión venga más fácilmente.

Los hallazgos del Proyecto ReSource, así como sus protocolos de entrenamiento, podrían tener impactos y aplicaciones de largo alcance. Singer y el equipo del Instituto Mind & Life conversaron sobre los efectos poderosos de la metodología de entrenamiento usada en el estudio. Discutieron cómo los protocolos de entrenamiento mental podrían usarse para cultivar la compasión y la apreciación por las diferentes perspectivas de personas en empresas, escuelas y otras instituciones.

Una de las prácticas más efectivas e innovadoras en el estudio del entrenamiento de la compasión y la metacognición fue la meditación en parejas: dos personas sentadas una frente a la otra o conectadas a través de una aplicación especialmente desarrollada. En estas meditaciones, una persona comparte algunos aspectos específicos de una experiencia de su día mientras que la otra practica escucharla profundamente. "Después de esta práctica, los participantes se sintieron más conectados no solo entre sí, sino también con otras personas dentro del grupo," dijo Singer. "Algunas personas, después de hacer esta dinámica por primera vez, se sintieron bastante tocadas al percatarse de que 'nunca había realmente escuchado a otra persona. Solo estaba esperando mi turno para hablar.'" La práctica en parejas pareció estar particularmente relacionada con mejoras en la resiliencia al estrés, lo que podría tener implicaciones en una enorme variedad de escenarios.

Durante una conversación pública y una sesión de preguntas y respuestas en la oficina de Mind & Life, Stephen Nachmanovitch comentó: "Al vivir dentro del contexto de una sociedad amplia, donde alguien deliberadamente ajustó el botón de la empatía a un grado extraordinario... proporcionar entrenamiento para el individuo puede ser útil, pero ¿no sería eso poner una curita en un problema verdaderamente gigantesco que es sistémico e institucional a lo largo de nuestra sociedad? ¿Cómo podemos abordar esto?"

Singer respondió que ha estado pensando en esta pregunta durante años. "Los psicólogos son expertos en el campo de los cambios individuales... pero en los últimos 10 años he cooperado y dialogado con economistas, economistas conductuales y macroeconomistas, y ellos hablan en gran medida sobre los agentes de cambio, como por ejemplo la alteración del diseño institucional de un comercio o institución, de las leyes o del sistema completo," dice. "Tenemos estos dos mundos: uno en el que creemos que los cambios sociales pueden ocurrir solo a través del cambio de leyes, reglas e instituciones, y otro en el que los psicólogos piensan de manera similar a Gandhi: 'necesitas ser el cambio que quieres ver en el mundo.' Es decir, creen que los cambios pueden ocurrir solo a través de cambiarse a uno mismo como individuo. Y yo creo que no se trata ni de uno ni del otro, sino que ambos mundos necesitan trabajar juntos en la creación de esta transformación a través de la cual los agentes de cambio internos y externos se combinan de forma congruente."

El trabajo de Singer también investiga cómo la cognición social y la motivación pueden explicar las interacciones sociales humanas y la toma de decisiones económicas. Esta investigación, financiada por el Institute for New Economic Thinking, explora nuevos modelos de toma de decisiones económicas y los aplica a problemas económicos globales.

El cambio, de acuerdo con Singer, necesita venir de arriba y de abajo. La mejor versión del cambio social es una congruencia del florecimiento individual y la transformación institucional. Aquellos que estudian la mente necesitan trabajar de la mano con aquellos que estudian la organización política y económica para que los cambios individuales puedan tener repercusiones globales.

Puedes ver la conversación completa en este video, aún sin subtítulos, o también puedes ver esta conferencia de Tania Singer donde también habla sobre el proyecto, con subtítulos.

Artículo publicado originalmente en mindandlife.org