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La supervivencia del más bondadoso

Por Elisha Goldstein

La compasiòn es el sentimiento que surge naturalmente cuando aprendes sobre el sufrimiento del otro. Y eso te motiva a querer hacer algo para ayudar. Lejos de ser solo una gentileza social, la compasión tiene un gran propósito evolutivo: los descendientes humanos son los más dependientes y vulnerables de cualquier especie y necesitan más cuidado de otros para sobrevivir. Esta dependencia total, dice Charles Darwin, es la razón por la cual la simpatía es el instinto más fuerte de la humanidad. En pocas palabras: sin compasión, no sobreviviríamos.

Si te sientes menos conmovido de lo que te gustaría, o tal vez tu músculo de empatía se ha debilitado un poco por falta de uso, aquí hay algunas maneras de fortalecerlo. Tú y todos los otros seres vivos se beneficiarán de los resultados.

1. Ve más allá de la superficie áspera
Cuando alguien actúa de forma desagradable o simplemente es difícil de tratar, no es fácil sentir compasión. Pero casi siempre hay una razón para ese comportamiento. Si podemos hacer una pausa e intentar reconocerla, nuestro corazón puede suavizarse y crear una apertura para la posibilidad de mayor conexión y sanación. ¿Hay una "personalidad difícil" en tu vida que puedas intentar ver bajo una luz diferente?

2. Crea efectos en cascada
Resulta que la bondad y la generosidad son contagiosas. Un estudio de 2010 descubrió que cuando presenciamos generosidad, eso nos inspira a ser más generosos. De hecho, los investigadores descubrieron que el efecto en cascada de esa gentileza se propaga en tres grados. Actuar con compasión hace lo mismo. ¿Hacia dónde puedes propagar hoy?

3. Una cosa por día
Mira alrededor y observa quién en tu vida está pasando por un momento difícil y podría usar algo de apoyo. El gesto puede ser grande, como llevar una comida a los enfermos, o relativamente pequeño, como enviar un correo o una nota para que alguien sepa que estás pensando en él. Comienza la práctica de hacer una cosa cada día por otra persona.

4. Intenta comprender
Muchas veces, nuestra desconexión resulta de una falta de comprensión. Sin embargo, esforzarse por entender de dónde viene una persona naturalmente provoca sentimientos de compasión y conexión. Esto no excusa el mal comportamiento, pero nos da una perspectiva y nos ayuda a no tomar las cosas de forma tan personal.

5. Practica la gratitud
La mayoría de nosotros ha sido receptor de gestos amables y compasivos en algún momento de nuestras vidas: una presentación que llevó a un nuevo trabajo; un elogio o palabra amable en el momento justo; un regalo inesperado. Dedica algunos momentos a recordar una de esas experiencias y ve si puedes aprovechar la gratitud que sentiste entonces, y tal vez aún puedas sentir.

6. Sé amable contigo mismo
A veces es más fácil sentirse compasivo por otro que por uno mismo. Pero la verdadera compasión no discrimina. La próxima vez que estés pasando por un momento difícil, ve si puedes ofrecerte algo de gentileza. Podrías sorprenderte de cuánto ayuda, y te ayuda a ti mismo a sentirte más amable con los otros.

7. Celebra la imperfección
Una de las fuentes más corrosivas de la autocrítica viene de la creencia de que necesitamos ser “perfectos”. Lejos de hacernos “mejores”, esa actitud puede llevarnos a caer en pensamientos obsesivos, ansiedad y depresión. Intenta esto: si cometes un error o no eres perfecto en algo, levanta los brazos y grita “¡Hurra!” o “¡Woo-hoo!”. Adoptar un enfoque más lúdico de la vida es un gran acto de autocompasión; entrena tu cerebro para soltar, aprender de los errores y simplemente empezar de nuevo.

8. Justo lo que el médico ordenó
La investigación muestra que sentir compasión es bueno para nosotros. Hace que la frecuencia cardíaca disminuya, lo que nos hace más relajados y tranquilos; lleva a la liberación de oxitocina, la “hormona de la conexión”, que nos ayuda a sentirnos más conectados y amorosos con otros; y activa regiones del cerebro vinculadas a la empatía, el cuidado y el placer.

9. Extiende la mano y toca a alguien
En 2006, James Coan, psicólogo e investigador de la Universidad de Virginia, descubrió que sostener la mano de un ser querido reduce significativamente la reactividad del cerebro a descargas eléctricas. Cuando un ser querido esté teniendo dificultades, ve si no hay problema en darle un abrazo o sostener su mano. Si tú estás luchando, observa qué sucede cuando colocas las manos en tu corazón o estómago.

10. Genes más felices
Los investigadores descubrieron que las personas que practican activamente la compasión y el altruismo tienen niveles más bajos de expresión génica inflamatoria y mayor expresión de genes antivirales y de anticuerpos que las personas que viven por mayor autogratificación o placer. “Hacer el bien” y “sentirse bien” pueden ser cosas diferentes, pero a través de “hacer el bien” puedes tener ambas.

11. Conoce tu autocrítica
Probablemente tienes las mismas historias autodestructivas, las mismas críticas repetidas una y otra vez. Haz una “lista de los 10 mejores éxitos” de pensamientos autocríticos. Cuando los observes surgir (como inevitablemente lo harán), reconoce: “Ah, ahí estás. Me preguntaba cuándo aparecerías.” Luego, respira profundo y di: “Que yo sea libre de ser tan duro conmigo mismo, que todas las personas sean libres de ser tan duras consigo mismas, que todos nosotros podamos vivir con facilidad.”

Una caja de consejos simples
Transforma valores en verbos

Cuando se les pregunta qué es lo que más valoran en el mundo, las personas suelen decir cosas como “paz”, “compasión” o “conexión”. Pero para hacerlo real, tenemos que transformar esos valores en verbos, haciéndolos más específicos y prácticos. Si valoras la compasión, ¿cómo se ve eso en el día a día? Toma un pedazo de papel, escribe “Compasión” en la parte superior y crea una lista de acciones, pequeñas a grandes, que puedas comenzar a hacer inmediatamente. Así es como vivimos las palabras de Gandhi: “Sé el cambio que deseas ver en el mundo”.

Artículo publicado originalmente en Mindful