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La retroalimentación de la realidad

Por Gustavo Gitti

Si golpeas una pared con el puño, duele, pero la pared no hizo nada más que presentar su naturaleza en relación con nuestro movimiento. Nuestro sufrimiento es una especie de mecanismo de retroalimentación de la realidad.

El sufrimiento surge de una relación inadecuada con el mundo, parecido a lo que sucedería si una persona con los ojos vendados caminara por una exposición de vidrios, cristales y objetos puntiagudos bellísimos: aquello que podría ser fuente de deleite comienza a cortarnos. Del mismo modo, si ignoramos la naturaleza impermanente, libre, abierta, plástica, no asible de la vida, nos afligimos siempre que tal libertad se presenta danzando frente a nosotros.

Si miro un cielo azul, me enamoro, tomo fotos y quedo fascinado por esa tonalidad luminosa específica, me sentiré traicionado cuando el cielo cambie. “Cielo, ¿por qué me hiciste esto? ¿Dónde estás? Vuelve, por favor”. Pero el cielo no hizo nada. Yo fui quien se fijó y construyó una relación basada en la ignorancia, en no reconocer qué es un cielo. Así hacemos con las personas, los lugares, los objetos, las situaciones…

Cuando operamos sin sabiduría, le damos el poder a cualquier cosa para traicionarnos. Nos sentiremos traicionados por la vida en la hora de la muerte, por los otros, por los objetos… Pero no hay nada que nos traicione, somos nosotros quienes no estamos percibiendo la naturaleza impermanente y dinámica de los fenómenos.

Un buen ejemplo de relación lúcida es la que tenemos con una película en el cine. Es raro que una película termine y alguien se desespere durante los créditos: “Dios mío… ¿Qué pasó? Estaban a punto de lograrlo… ¿Por qué aparecen estos nombres? Yo estaba con ellos, ¿cómo los encuentro para continuar?” No, nos levantamos con toda la tranquilidad, sin ni siquiera necesitar pensar “Esto es una película”. Cuando sabemos que una película es una película, no hay sufrimiento absoluto: incluso con la cara hinchada y mojada, nos levantamos, vamos al baño, sonreímos y pronto pensamos en la cena.

En ese sentido, el sufrimiento es el mensaje de la realidad, es la manera que nuestra naturaleza de buda encuentra para despertarnos. ¡Es una bendición! El sufrimiento garantiza que nunca nos quedaremos atrapados por mucho tiempo. Como nuestra mente es amplia, cada vez que intentamos estrecharla nos sentimos insatisfechos: la insatisfacción es protectora. El sufrimiento es el espacio invadiendo las burbujas, la realidad quitándonos la alfombra del engaño, la vida diciéndonos: “el control no funciona”, “¿ves? el apego genera dolor”, “eres mucho más amplio que esa identidad que estás asumiendo…” Sin sufrimiento, nos quedaríamos para siempre en alguna burbuja. El sufrimiento garantiza que no descansaremos hasta realizar la sabiduría más profunda que ve directamente la naturaleza de la realidad. El sufrimiento garantiza nuestra iluminación.

¿Quieres profundizar en esta visión?

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