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Felicidad genuina: ¿qué es? ¿Dónde encontrarla?

Por Lama Jigme Lhawang

Todos buscamos ser felices. Esto és un hecho.
Pero, ¿estarámos buscando la felicidad en la dirección que la producirá?

Felicidad en sánscrito es sukha. El término sukha indica una noción de bienestar, un estado de ser, de estar, de vivir y relacionarse con el mundo que nos rodea.

Un profundo bienestar no es algo construido, pasajero, dependiente de factores externos, como la sensación de felicidad que tenemos al comer una comida sabrosa, recibir un regalo o disfrutar de la presencia de buenos amigos.

Sabremos si estamos verdaderamente felices cuando estemos solos, sin nada a lo que aferrarnos, sin ningún objeto de apoyo que active sensaciones agradables. Simplemente estando con nosotros mismos, inspirando y expirando, disfrutando de la presencia natural de nuestro ser más allá de cualquier artificio del ego.

Esta felicidad no es meramente un estado de ánimo, pues nada es necesario para que florezca. No hay nada que la bloquee o la impulse. Es lo que es, libre de todas nuestras construcciones y proyecciones mentales. Se la llama el “Gran Bienestar” o la “Dicha Grandiosa” (maha sukha en sánscrito).

No hay forma de obtenerla, pues no es una construcción de nuestras mentes. Es un estado de ser presente detrás del escenario de la película de nuestras vidas, la naturaleza de la propia cualidad luminosamente reflectora que proyecta las imágenes en la pantalla límpida y traslúcida de nuestro corazón-mente. Esta felicidad ocurre naturalmente cuando desatamos los nudos creados por nuestra mente, los condicionamientos, las impresiones de hábito, las formas de percibir a nosotros mismos y la realidad que nos rodea.

Nuestro ser pide armonía, busca paz y contentamiento. Pero construimos las causas contrarias. En general, aunque busquemos verdadera felicidad, alimentamos las causas de la agitación, el estrés, la depresión y la tristeza en nuestras vidas. Vivimos los miedos del pasado y las expectativas del futuro. Olvidamos el presente y entramos en un viaje sin fin lleno de ilusiones y creaciones mentales desconectadas del momento donde las cosas realmente están sucediendo: ahora.

Nos detenemos algunos instantes. Respiramos profundamente. Relajamos nuestro cuerpo. Tranquilizamos nuestra energía. Calmamos nuestra mente. Percibimos que nuestro cuerpo agradece. Que nuestra energía da señales de bienestar. Reconocemos que nuestra mente se destensa y ligeramente se abre. Seguimos respirando y calmando, disfrutando del momento presente, exactamente donde estamos, en la caverna de retiro que no es más que el propio ambiente de nuestras mentes. Desarrollamos la práctica espiritual que esencialmente es nutrir buenos pensamientos y desinteresarse por todo aquello que no produce lo que verdaderamente buscamos: equilibrio, tranquilidad, amor y lucidez. Gradualmente, vamos cultivando el reposo tranquilo, consciente, en paz; paz-cientes. Vamos reconociendo la naturaleza de este momento, sus cualidades y potenciales extraordinarios. Las construcciones del pasado y del futuro no encuentran apoyo en este disfrutar natural, este florecer autosurgido. El pasado ya pasó. El futuro aún está por venir. Es en el presente donde sembramos el futuro. Este momento exacto es el lugar y tiempo más importante de nuestras vidas. Vivir cada instante, conscientes del despliegue de nuestra conciencia en el aquí y ahora, cultivando las causas de nuestro bienestar, transformando nuestra forma de mirar el mundo y a nosotros mismos, familiarizándonos con quiénes realmente somos, es la dirección de nuestra verdadera felicidad.

Esta es la esencia de una vida saludable, llena de contentamiento, apreciación a cada paso, alegría a cada instante. Es estar floreciendo a cada momento, a cada mirada, a cada sonrisa, a cada escucha, a cada intercambio. La felicidad genuina está muy cerca. Solo necesita ser nutrida, reconocida y familiarizada para que se convierta en una continuidad de ser, estar, vivir y fluir en la vida.