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Cómo la "Lluvia" puede nutrirte

Por Jack Kornfield

El mindfulness no rechaza la experiencia. Permite que la experiencia sea la maestra. Con mindfulness, podemos entrar en las dificultades de nuestras vidas para encontrar sanación y libertad.

En retiros en occidente, existen cuatro principios para la transformación por medio del mindfulness que se enseñan bajo la sigla RAIN (“lluvia”, en inglés). El término, acuñado por Michele McDonald, significa Reconocimiento, Aceptación, Investigación y No-identificación. Este acrónimo resuena con los poetas Zen que nos dicen que “la lluvia cae igualmente en todas las cosas”. Así como la nutrición dada por la lluvia externa, los principios internos de la práctica RAIN pueden transformar nuestras dificultades.

Reconocimiento

El reconocimiento es el primer paso del mindfulness. Cuando estamos atrapados en nuestras vidas, debemos comenzar con una disposición para ver qué está sucediendo. Es como si alguien nos preguntara gentilmente, “¿qué está pasando en este momento?” ¿Respondemos rápidamente “nada”, o nos detenemos y reconocemos la realidad de nuestra experiencia, aquí y ahora?

Con el reconocimiento, damos un paso fuera de la negación. La negación socava nuestra libertad. El diabético que niega su cuerpo no es libre. Tampoco la ejecutiva estresada que niega el costo de su estilo de vida, o el pintor aspirante autocrítico que niega su amor por el arte. La sociedad que niega su pobreza e injusticia también ha perdido parte de su libertad. Si negamos nuestras insatisfacciones, nuestra rabia, nuestro dolor, nuestra ambición, sufriremos. Si negamos nuestros valores, nuestras creencias, nuestros anhelos o nuestra bondad, sufriremos.

“El surgimiento y florecimiento de la comprensión, del amor y de la inteligencia no tiene nada que ver con ninguna tradición externa”, observa el maestro Zen Toni Packer. “Ocurre completamente por su propia cuenta cuando un ser humano cuestiona, imagina, escucha y mira sin quedar atrapado en el miedo. Cuando el interés propio está quieto, suspendido, el cielo y la tierra están abiertos.”

Con el reconocimiento, nuestra atención se convierte en un anfitrión respetuoso. Nombramos y, internamente, hacemos reverencia a nuestra experiencia. “Sí, tristeza. Y ahora, excitación. Sí, conflicto. Tensión. Oh, ahora dolor. Y ahora, la mente juzgadora”. El reconocimiento nos mueve de la ilusión y la ignorancia hacia la libertad. “Podemos encender una lámpara en la oscuridad”, dice el Buda. Podemos ver de qué se trata.

Aceptación

El siguiente paso de la práctica RAIN es la aceptación. La aceptación nos permite relajarnos y abrirnos a los hechos ante nosotros. Es necesaria porque, con el reconocimiento, puede surgir una sutil aversión, una resistencia, un deseo de que no fuera así. La aceptación no significa que no podamos trabajar para mejorar las cosas. Pero, por ahora, así es como están. En el Zen se dice que, “Si comprendes, las cosas son exactamente como son. Y si no comprendes, las cosas aún son como son.”

La aceptación no es pasividad. Es un paso valiente en el proceso de transformación. “¿Problema? La vida es un problema. Solo la muerte es buena”, declara el griego Zorba. “Vivir es arremangarse y abrazar los problemas”. La aceptación es un movimiento voluntario del corazón para incluir lo que sea que esté ante él. En la transformación individual, tenemos que comenzar con la realidad de nuestro propio sufrimiento. Para la transformación social, tenemos que comenzar con la realidad del sufrimiento colectivo, de la injusticia, del racismo, de la codicia y del odio. Solo podemos transformar el mundo en la medida en que aprendemos a transformarnos a nosotros mismos. Como Carl Jung comenta: “Quizás yo mismo sea el enemigo que debe ser amado.”

Con aceptación y respeto, los problemas que parecen intratables a menudo se vuelven manejables. Un hombre comenzó a darle grandes dosis de aceite de hígado de bacalao a su Doberman porque le dijeron que era bueno para los perros. Cada día sostenía la cabeza del perro entre las rodillas, que protestaba, le forzaba a abrir la boca y vertía el líquido por su garganta. Un día, el perro se soltó y derramó el aceite de pescado en el piso. Entonces, para gran sorpresa del hombre, el perro volvió para lamer el charco. Fue cuando el hombre descubrió que el perro no estaba luchando contra el aceite, sino contra su falta de respeto al administrarlo. Con aceptación y respeto, transformaciones sorprendentes pueden ocurrir.

Investigación

El reconocimiento y la aceptación conducen al tercer paso de la práctica RAIN, la investigación. El maestro Zen Thich Nhat Hanh llama a esto “mirar profundamente”. En el reconocimiento y la aceptación, reconocemos nuestro dilema y aceptamos la verdad de toda la situación. Ahora, necesitamos investigar de una manera más completa. El budismo enseña que, siempre que estamos atrapados, es porque no hemos examinado la naturaleza de la experiencia de manera suficientemente profunda.

El budismo dirige sistemáticamente nuestra investigación hacia cuatro áreas que son críticas para la comprensión y la libertad. Se llaman las cuatro bases del mindfulness: cuerpo, sentimientos, mente y dharma, los principios subyacentes de la experiencia.

Aquí está cómo podemos aplicarlas cuando estamos trabajando con alguna experiencia complicada. Comenzando con la investigación en el cuerpo, localizamos conscientemente dónde se mantienen nuestras dificultades. A veces encontramos calor, contracción, dureza o vibración. A veces notamos pulsación, entumecimiento, cierta forma o color. Podemos investigar si estamos encontrando esa área con resistencia o con mindfulness. Percibimos qué sucede cuando sostenemos esas sensaciones con mindfulness. Notamos qué ocurre mientras sostenemos estas sensaciones con mindfulness. ¿Se abren? ¿Hay otras capas? ¿Existe un centro? ¿Se intensifican, se mueven, se expanden, cambian, se repiten, se disuelven o se transforman?

En la segunda base del mindfulness, podemos investigar qué sentimientos forman parte de esa dificultad. ¿La primera tonalidad del sentimiento es agradable, desagradable o neutra? ¿Estamos encontrando ese sentimiento con atención? ¿Y cuáles son los sentimientos secundarios asociados a esto? A menudo, descubrimos una constelación de sentimientos. Un hombre que recuerda su divorcio puede sentir tristeza, rabia, envidia, pérdida, miedo y soledad. Una mujer que fue incapaz de ayudar a su sobrino adicto puede sentir anhelo, aversión, culpa, deseo, vacío e indignidad. Con mindfulness, cada sentimiento es reconocido y aceptado. Investigamos cómo se siente cada emoción, sea agradable o dolorosa, contraída o relajada, tensa o triste. Percibimos dónde sentimos la emoción en nuestro cuerpo y qué sucede con ella cuando la sostenemos con mindfulness.

Comienza Ya

Luego viene la mente. ¿Qué pensamientos e imágenes están asociados a esa dificultad? ¿Qué historias, juicios y creencias estamos sosteniendo? Cuando miramos más de cerca, generalmente descubrimos que algunas son unilaterales, puntos de vista fijos o perspectivas habituales anticuadas. Vemos que son solo historias. Pierden su poder sobre nosotros. Nos aferramos menos a ellas.

La cuarta base a investigar se llama “mindfulness del dharma”. Dharma es una palabra importante y multifacética que puede significar los ensinanzas y el camino del budismo. Puede significar la verdad, y en ese caso también puede significar los elementos y patrones que generan la experiencia. En el mindfulness del dharma, investigamos los principios y las leyes que están operando. Podemos notar si una experiencia es realmente tan sólida como parece. ¿Es inmutable o es impermanente, moviéndose, cambiando, recreándose a sí misma? Notamos si la dificultad expande o reprime el espacio en nuestra mente, si está bajo nuestro control o tiene vida propia. Notamos si es autoconstruida. Investigamos si nos estamos aferrando a ella, resistiéndola, o dejándola estar. Vemos si nuestra relación con ella es una fuente de sufrimiento o de alegría. Y, finalmente, notamos cuánto nos identificamos con ella. Esto nos lleva al último paso de la práctica RAIN, la no-identificación.

No-identificación

En la no-identificación, dejamos de tomar la experiencia como siendo “yo” o mía. Vemos cómo la identificación crea dependencia, ansiedad e inauthenticidad. Al practicar la no-identificación, cuestionamos cada estado, experiencia e historia: “¿Es esto realmente lo que somos?” Vemos la tentación de esa identidad. En lugar de identificarnos con esa dificultad, nos soltamos y descansamos en la conciencia de sí. Este es el punto culminante al soltar la dificultad por medio de la práctica RAIN.

Un practicante budista, David, se identificaba a sí mismo como un fracaso. Su vida pasó por varias decepciones y, después de algunos años de práctica budista, también quedó decepcionado con su meditación. Se había vuelto más tranquilo, pero eso era todo. Aún estaba atormentado por pensamientos críticos y juicios propios implacables, restos de un pasado duro y doloroso. Se identificaba con esos pensamientos y con su historia de heridas. Incluso la práctica de la compasión por sí mismo le trajo poco alivio.

Entonces, durante un retiro de diez días de mindfulness, fue inspirado por los ensinanzas sobre no-identificación. Fue tocado por las historias de aquellos que enfrentaron sus demonios y se liberaron. Se acordó del relato del Buda, que en la noche de su iluminación enfrentó sus propios demonios en la forma de los ejércitos y tentaciones de Mara. David decidió mantenerse despierto toda la noche y enfrentar directamente sus propios demonios. Durante muchas horas, intentó mantenerse atento a su respiración y a su cuerpo. Entre las sesiones en que practicaba sentado, adoptó períodos de meditación caminando. En cada sesión, era lavado por olas comunes de somnolencia, dolores en el cuerpo y pensamientos críticos. Entonces, comenzó a notar que cada experiencia en cambio era atendida por un elemento común, la propia conciencia.

A mitad de la noche, tuvo un momento de “eureka”. Se dio cuenta de que la conciencia no era afectada por ninguna de esas experiencias, que estaba abierta e intacta como el propio espacio. Todas sus luchas, los sentimientos y pensamientos dolorosos, iban y venían sin la menor perturbación a la conciencia en sí. La conciencia se convirtió en su refugio.

David decidió poner a prueba su realización. La sala de meditación estaba vacía, así que decidió rodar en el piso. La conciencia simplemente notó. Se puso de pie, gritó, rió, hizo ruidos graciosos, imitando animales. La conciencia simplemente notó. Corrió por la sala, se acostó en silencio, salió afuera, hacia el borde del bosque, recogió una piedra y la lanzó, saltó de un lado a otro, rió, volvió y se sentó. La conciencia simplemente notó todo. Al descubrir esto, se sintió libre. Vio el sol saliendo suavemente sobre las colinas. Entonces se retiró a dormir un poco. Y cuando despertó, su día estaba lleno de alegría. Incluso cuando sus dudas volvieron, la conciencia simplemente las reconoció. Como la “lluvia”, su conciencia permitió todas las cosas, igualmente.

Sería muy alentador terminar esta historia aquí. Más tarde, en el retiro, David nuevamente cayó en períodos de duda, auto-juicio y depresión. Pero, esta vez, incluso en medio de eso, podía reconocer que se trataba de solo duda, solo juicio, solo depresión. No podía más aceptar eso completamente como su identidad. La conciencia notó eso también. Y era silencioso, libre.

El budismo dice que la no-identificación es la morada del despertar, el fin del apego, la paz verdadera, el nirvana. Sin identificación, podemos vivir con cuidado, pero sin estar más atrapados en los miedos e ilusiones del pequeño sentido del yo. Vemos la belleza secreta detrás de todo lo que encontramos. El mindfulness y la presencia sin miedo traen la protección verdadera. Cuando encontramos el mundo con reconocimiento, aceptación, investigación y no-identificación, descubrimos que dondequiera que estemos, la libertad es posible, así como la lluvia cae y nutre todas las cosas igualmente.

Artículo publicado originalmente en lionsroar.com