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El Cuerpo Equilibrado y el Camino del Medio

Por Will Johnson

En gran medida, el budismo nunca ha puesto mucho énfasis en el cuerpo. La mayoría de las escuelas budistas se concentran en la mente como el gran escenario premiado, y le conceden al cuerpo un estatus mucho menor, como si fuera una avenida digna de exploración.

El problema inherente a esta actitud es que la experiencia del cuerpo es lo que proporciona el sentimiento de anclaje para la mente. Si esto se pierde, la mente puede flotar fácilmente hacia reinos enrarecidos que, por más elevados que sean, no son más que una sombra de la conciencia que las prácticas de meditación están diseñadas para revelar. La mente, en última instancia, quiere anclarse a la sensación presente del cuerpo, no escapar de él. Si quieres una mente equilibrada, entonces necesitas crear un cuerpo equilibrado para sostenerla.

Alineación, Relajación y Resiliencia

Si el cuerpo está desequilibrado, necesita crear una tensión constante para compensar la fuerza de la gravedad. Esta tensión se manifestará como discursividad en el nivel de la mente. Un cuerpo verdaderamente equilibrado, por otro lado, genera un relajamiento que de forma natural y espontánea sostiene la mente despierta. En palabras de Sasaki Roshi, “El Buda es el centro de gravedad.” Encontrar el centro de gravedad dentro de uno mismo significa equilibrar el campo energético del cuerpo junto al campo gravitacional de la Tierra.

Este equilibrio surge a través de la encarnación consciente de estos tres principios básicos: alineación, relajación y resiliencia.

Alineación: normalmente pensamos en la gravedad como una fuerza con la que necesitamos competir para permanecer erguidos. Pero la gravedad en realidad funciona como una fuente de apoyo para estructuras que están adecuadamente alineadas alrededor de un eje predominantemente vertical.

Relajación: un cuerpo humano que se alinea de esta manera puede entonces comenzar a relajarse. No necesita tensar su musculatura para compensar la fuerza ejercida por la gravedad, pues su estructura alineada le proporciona todo el apoyo necesario. A través del relajamiento de sus tensiones, el cuerpo puede literalmente soltar su peso y su mente, rindiéndose a la fuerza de la gravedad sin desplomarse.

Resiliencia: para mantener su postura erguida y relajada, un cuerpo equilibrado comienza entonces a hacer ajustes y movimientos espontáneos, siempre de forma sutil, siempre de forma resiliente. Si el cuerpo resiste este impulso natural de moverse e intenta mantenerse de forma rígida, termina generando tensión y perdiendo su relajamiento.

De estos tres principios, la resiliencia puede ser la más desafiante para aquellos practicantes budistas que fueron enseñados a sentarse de manera completamente inmóvil para que la mente también se vuelva inmóvil. Esta inmovilidad, sin embargo, implica quietud, no rigidez, y así el poeta Zen Ikkyu nos recuerda: “Endurecerse en un Buda es incorrecto.” Si sostienes tu cuerpo de forma rígida, tu mente se volverá bastante agitada y activa. Si permites que movimientos sutiles de resiliencia recorran tu cuerpo, sin embargo, la mente naturalmente se vuelve más tranquila y permaneces relajado y alerta. El gran objetivo al jugar con el equilibrio es que levante el velo de la tensión muscular que normalmente oculta las sensaciones del cuerpo. En palabras del Buda, “Todo aquello que surge en la mente comienza fluyendo con una sensación en el cuerpo.” Si permanecemos inconscientes respecto a estas sensaciones por causa del desequilibrio y la tensión muscular constantes, permanecemos inconscientes respecto a la profundidad de la mente y perdemos acceso a los estados mentales plenos de los que el Buda habla. Pero cuando el cuerpo está vívidamente presente, la mente es naturalmente clara y profunda. Intentar manifestar una mente clara sin intentar involucrarse con la experiencia de tu cuerpo es como intentar conducir tu auto lejos sin antes girar la llave en el encendido.

Aunque los principios de alineación, relajación y resiliencia pueden guiarte al explorar la relación de tu cuerpo con la gravedad, el equilibrio no puede imponerse desde afuera, sino que debe sentirse internamente. Este descubrimiento de sensaciones es la práctica. El equilibrio nunca surge como un estado final estático o un objetivo alcanzado. Es algo con lo que jugar constantemente, una danza y una práctica que nunca terminan.

Un ejercicio en el equilibrio

Ponte de pie por un momento, descalzo en el suelo, con tus pies tocándose.

Visualiza los conjuntos mayores de tu cuerpo; tus pies, las partes inferiores y superiores de las piernas, pelvis, abdomen, pecho, cuello y cabeza; como bloques de construcción que un niño ha apilado uno encima del otro. Si estos bloques se apilan con cuidado, uno precisamente encima del otro, la pila permanece de pie. Pero si no lo están, la columna probablemente se derrumbará al suelo. Con la menor cantidad de esfuerzo posible, siente estos conjuntos mayores de tu cuerpo alineándose, uno encima del otro, de la misma manera que los bloques de construcción de un niño.

La alineación tiene una sensación distinta de comodidad y falta de esfuerzo asociadas a ella, así que ten cuidado de no generar tensión mientras buscas crear una relación más vertical entre estos conjuntos corporales. Después, con tus pies firmemente plantados en el suelo, comienza a oscilar el cuerpo lentamente como una unidad; hacia la derecha e izquierda, adelante y atrás.

Comienza haciendo estos movimientos de manera bastante amplia, casi al punto de caer. Siente cómo es estar fuera de alineación, y luego siente el contraste mientras el cuerpo va retomando su verticalidad. Cuando el cuerpo se aleja de su alineación, es posible sentir la tensión y la necesidad de sostenerse; y cuando el cuerpo vuelve a una estructura más alineada, esta tensión y el sostenerse desaparecen. Continúa balanceándote y oscilando de forma aleatoria, gradualmente haciendo movimientos cada vez más sutiles. Eventualmente llegarás a un lugar donde el cuerpo casi no oscila más.

Aunque este lugar puede parecerte extraño, también traerá consigo un sentimiento de corrección. El cuerpo simplemente se sostiene, apoyado por la gravedad. Este es tu lugar de alineación. Ahora comienza a relajarte. El relajamiento es nada más nada menos que la entrega del peso del cuerpo a la gravedad. Porque tu cuerpo está alineado, puedes hacer esto sin caer. Comenzando por la cabeza, siente la tensión de tu cuerpo literalmente soltándose. Mientras la tensión se suelte directamente a través del bloque de construcción debajo, permanecerás de pie fácilmente.

Ahora, ¿puedes soltar la mente de la misma manera? Los maestros espirituales nos dicen que soltemos la mente; ¿puedes sentir cómo sería tomar esta instrucción literalmente?

Es muy probable que este nuevo lugar de equilibrio parezca flexible e inseguro. ¡Maravilloso! El verdadero equilibrio nunca es estable e inmóvil. Un cuerpo equilibrado está constantemente, resilientemente moviéndose. Siente cuán natural es permitir que estos movimientos sutiles y espontáneos ocurran. Continúa rindiéndote y dejando ir. Juega con tu alineación. Relaja tus tensiones. Sigue cualquier movimiento que necesite ocurrir para que permanezca de pie y relajado.

Continúa monitoreando los sentimientos y las sensaciones en el cuerpo. Son las guías que te ayudan a mantener el equilibrio sin esfuerzo. Estos sentimientos y sensaciones cambiarán constantemente. No puedes aferrarte a ninguno de ellos; solo necesitas continuar dejándolos ir, momento a momento. ¿Qué está haciendo tu mente? Ve cómo tu cuerpo inmediatamente confisca tu equilibrio cuando te pierdes en pensamientos. Deja que la tensión se vaya nuevamente, permite que el cuerpo se mueva como una bandera de oración bajo una brisa suave y observa los pensamientos desapareciendo sin esfuerzo.

La Respiración

Veamos uno de los objetos favoritos de contemplación en el budismo: la respiración. En la mayoría de las escuelas, la respiración se presenta como un objeto de observación y concentración para la mente. La contamos. La observamos moviéndose hacia dentro y hacia fuera de las narinas. Observamos cómo hace que nuestro vientre suba y baje.

Aunque esto es muy útil como objeto de concentración para la mente, el Buda nunca quiso que la observáramos solo como si estuviéramos mirando un desfile a una distancia segura. Quería que nos sumergiéramos en su núcleo de forma tal que fundiéramos el acto de estar conscientes de nosotros mismos con el acto de respirar, haciendo que de esta forma nos convirtiéramos en la propia respiración, y así pudiéramos experimentar cómo la respiración, el cuerpo y el ser son una sola cosa, indisolublemente.

Como el Buda nos dice en el Satipatthana Sutra, cuando inspiras, hazlo con tu cuerpo entero. Luego, cuando necesites exhalar, asegúrate de que tu cuerpo entero participe en este acto de la misma manera.

Para respirar con el cuerpo entero, necesitas sentir la cosa completamente, cada célula y sensación, vibrante y palpablemente vivos. No puedes simplemente retirarte a tu observatorio mental, analizando pasivamente conforme la respiración se mueve hacia dentro y hacia fuera, y esperar sentir esta unión fundamental entre tu respiración y tu cuerpo.

Deja que tu cuerpo entero se convierta en el órgano de la respiración. El acto de respirar no necesita estar confinado solo a la boca, la tráquea, los pulmones, las costillas y el diafragma. Puede sentirse moviéndose a través del cuerpo entero, así como una onda que se mueve a través del agua, causando movimientos sutiles en cada articulación. El movimiento de tal respiración masajeará el cuerpo entero y estimulará aún más sensaciones a aparecer.

Tal patrón irrestricto de respiración, sin embargo, solo se vuelve verdaderamente accesible cuando el cuerpo está equilibrado. La tensión y el sostenerse, que son necesarios para mantener un cuerpo desequilibrado erguido, funcionarán como barreras para el movimiento libre de la respiración, y así permanecerá superficial, con las sensaciones ofuscadas. Trae equilibrio al cuerpo y la respiración podrá convertirse en un evento extraordinario, que explota los nudos internos de una mente oscurecida y sensaciones embotadas.

Entrégate a tu próxima inspiración, deja que la respiración te respire y, al mismo tiempo, relaja el cuerpo lo máximo que puedas. Siente todas tus energías, todas tus sensaciones, de la cabeza a los pies, sin dejar ninguna afuera. Ve profundamente hacia un lugar en el cual puedas sentir el cuerpo entero de una sola vez como siendo un campo de sensaciones unificado y relajado. Encuentra este lugar y luego entrégate al poder pleno de la inspiración y la expiración, dentro y fuera, una y otra vez.

No fuerces la respiración, pero al mismo tiempo no te acomodes ni te restrinjas. Solo entrégate a su poder innato. Se abrirá por cuenta propia, orgánica y naturalmente, a veces de manera gentil, a veces de manera explosiva. Si logras rendirte a la respiración de esta forma, te llevará en un viaje cada vez más profundo hacia las regiones aún no catalogadas de tu cuerpo, donde sensaciones retenidas y no sentidas están solo esperando ser pinchadas para salir de su letargo. Con el tiempo, conforme la respiración va derritiendo y sanando las restricciones hacia sus expresiones más libres, te purificará de la cabeza a los pies.

Este cuerpo, precisamente

Recuerda la declaración del Maestro Zen Hakuin, “Este cuerpo, precisamente, es el Buda.” Cuando la conciencia y la presencia sentida del cuerpo se combinan como un fenómeno único, fusionado, el despertar ocurre naturalmente. Considera la siguiente instrucción de uno de los textos más famosos del budismo vajrayana, “Los Sonidos del Mahamudra”, de Tilopa:

No hagas nada con el cuerpo más allá de relajarte.

Deja que la mente descanse en su estado natural, no formado.

Conviértete en un bambú hueco.

La única cosa que siempre necesitarás hacer con relación al cuerpo es relajarte. Pero, una vez más, esto ocurrirá solo si juegas con tu equilibrio. Sin alinear el cuerpo, no hay forma de relajarse completamente, y sin entregarse a los movimientos espontáneos y resilientes que naturalmente quieren ocurrir a través del cuerpo, el relajamiento no puede mantenerse a lo largo del tiempo.

El objetivo final del equilibrio es que deje que la corriente de la fuerza vital, sentida como un flujo interminable de sensaciones, pase de manera libre y continua a través de todo el canal del cuerpo, así como el viento pasando por el centro vacío de un pedazo hueco de bambú.

U Ba Khin, Maestro de meditación birmano del siglo XX y proponente de una de las pocas prácticas budistas orientadas al enfoque del cuerpo, llamó a esta fuerza corporal nibbana dhatu, literalmente, “la fuerza que genera la mente iluminada”. Una vez que esta fuerza se activa, funciona como un fuego que corre e incendia viejos escombros y pastos, preparando el suelo para una nueva cosecha. Cuando el nibbana dhatu se vuelve operacional, corre a través del cuerpo y la mente e incendia los residuos y acumulaciones que mantienen la mente iluminada contenida y oculta. Porque cualquier bloqueo del flujo libre de energía en el cuerpo dificultará el paso de esta fuerza, solo si tu cuerpo se convierte en un bambú hueco es que podrás experimentar y beneficiarte de su acción purificadora.

Si juegas con el equilibrio, ya sea sentado, en la práctica formal, o mientras te mueves por la vida, el condicionamiento mental que aspiras surgirá gradualmente, como una consecuencia natural. Pero no pienses que existe un final perfecto para este equilibrio, que llegarás a algún tipo de estado de equilibrio definitivo. Tal condición no existe, y sería un gran cautiverio si existiera. De respiración en respiración, sensación en sensación, todo se mueve y cambia. El equilibrio está constantemente ajustándose a sí mismo. Simplemente continúa manteniéndote abierto a este movimiento, a esta danza continua del equilibrio.

Artículo publicado originalmente en lionsroar.com