Ciudades Internas
Por Dzigar Kongtrul Rinpoche

Los practicantes espirituales generalmente aspiran a una vida solitaria en las montañas en medio de la vida silvestre. Sin embargo, la ciudad puede ser un ambiente igualmente propicio, o incluso mejor para la práctica. A diferencia de los lugares silvestres, las ciudades no tienen muchos árboles, excepto los de los parques, pero tienen muchas personas y, si lo piensas bien, las personas también son naturales. Por estar llenas de gente, las ciudades presentan muchas más oportunidades para practicar gentileza, compasión, alegría por la felicidad de otros y un cuidado ecuánime hacia todos.
En la ciudad, incluso encerrados en nuestro apartamento, no podemos escapar del hecho de que otros están a nuestro alrededor. Está la señora que vive en el apartamento de al lado, un transeúnte que a veces duerme en el balcón, y el baterista en el piso de arriba. Si nos aislamos demasiado, no seremos capaces de practicar loving-kindness. Por otro lado, si cultivamos un sentido de estar interconectados, de ser parte de nuestra ciudad de la misma manera que somos parte de nuestra familia, entonces desarrollaremos bondad y cuidado amoroso por todas las personas de nuestra ciudad, y tendremos muchas oportunidades para practicar.
Al vivir en la ciudad, nos encontramos con muchas personas todos los días. A veces, simplemente sonreír a alguien o abrir una puerta puede ser una práctica de loving-kindness. En el autobús, podemos ceder nuestro asiento a una persona mayor. Si tomamos un taxi o vamos a recoger nuestra ropa a la lavandería, siempre hay una manera de extender la bienvenida de alguna forma. Hay muchas personas sin hogar viviendo en las calles. A veces algunos se sientan con un sombrero o una taza frente a ellos pidiendo dinero. A veces pueden estar sosteniendo carteles que dicen “tengo hambre, ¿puedes ayudarme?” A veces son amables, y otras veces parecen ausentes y deprimidos. Generalmente cargan bolsas donde llevan sus pertenencias. Parece ser algo muy importante cuando alguien se toma el tiempo para simplemente notar que están allí.
Cuando tenemos una familia, nunca recibimos el salario y pensamos: “voy a gastar todo esto”. Siempre pensamos en nuestra familia: el alquiler, las compras, la escuela de los niños. Sabiendo que nuestra familia depende de nosotros, es gratificante ver cómo nuestro apoyo beneficia sus vidas. Nunca sentimos que los miembros de nuestra familia nos deben algo y nunca cuestionamos por qué los estamos apoyando. Un sentimiento de responsabilidad nos sostiene, y así nos sentimos motivados a continuar.
Ahora bien, no estoy sugiriendo que salgamos abriendo nuestras puertas e invitando a todos a entrar. Quizás eso no sea muy realista. Las personas son complicadas; no siempre es tan fácil ayudarlas. Aun así, hay pequeñas maneras en que podemos extender la bienvenida: pequeños gestos que terminan trayendo bastante significado a nuestras vidas y a la vida de otros. Al participar de esta manera, ayudamos a moldear nuestra ciudad, nuestro estado, nuestro mundo. Si adoptamos a todas las personas de nuestra ciudad como si fueran nuestra familia, cualquier cosa que podamos hacer por ellos nos trae satisfacción.
Las madres y los padres encuentran tanto placer al hacer cosas para sus hijos. No se separan verdaderamente de ellos. Si sus hijos están felices, esa también es su propia felicidad: alegría pura. Puede ser así también con nuestra “familia urbana” adoptada. En una familia, cada individuo puede tener sus propias necesidades. Siempre hay algunos miembros que necesitan más ayuda, que pueden estar enfermos o pasando por una situación difícil, y también siempre hay quienes tienen más facilidad para apoyarse a sí mismos o más suerte con lo que quieren hacer. Intentamos de todo para ayudar a todos, para tener un cuidado ecuánime hacia todos.
Por supuesto, cuando nos acercamos a alguien sin hogar viviendo en la calle, nunca sabemos qué esperar. Algunos pueden gustar cuando intentamos ofrecerles algo, e incluso algunos pueden querer darnos algo a cambio: una manzana o direcciones; esto puede darles un sentimiento de integridad y una oportunidad para que también ellos puedan ser generosos. Pero, por vivir marginalizados, las personas sin hogar generalmente no se expresan de una manera con la que nos sintamos cómodos. Algunos parecen estar enojados e inaccesibles. Algunos se acurrucan en alguna esquina, envueltos en mantas. Otros pueden mostrarnos el dedo del medio y decirnos que nos vayamos. Estas son sus formas de sobrevivir, así que necesitamos respetarlas. Sea cual sea su comportamiento, siempre podemos extender la gentileza hacia ellos deseándoles genuinamente bien, esperando que puedan mantenerse abrigados y encontrar suficiente comida. Este poderoso método de extender el cuidado a todos funciona para desgastar nuestra propia indiferencia y parcialidad.
Normalmente, nuestros principios nos guían en una dirección positiva, pero algunos principios pueden limitarnos. Por ejemplo, podemos sentir que las personas deberían buscar un empleo en lugar de pedir dinero. Podemos preocuparnos por la posibilidad de que, si le damos dinero a alguien que nos lo pide, esa persona lo use para comprar drogas o alcohol. Podemos sentir que ofrecer dinero a quienes lo necesitan es condescendiente, o podemos sentir que es una solución superficial e insignificante para un problema social mucho más profundo, un problema que necesita abordarse de una manera mucho más amplia. A veces podemos sentirnos tan abrumados por el sufrimiento que nos rodea que decidimos que es fútil intentar hacer algo. O podemos sentir que es demasiado molesto buscar monedas en la bolsa y que eso atraerá demasiada atención.
Pero cuando alguien literalmente nos pide ayuda, ¿cómo podemos ignorar su pedido cuando tenemos los medios para ayudar? Los adictos necesitan comer. Si nos preocupa ofrecerles dinero, en su lugar podemos ofrecerles comida o mantas. Tienen un cuerpo y sienten el calor del sol y la lluvia en su piel. Deberíamos apreciar cada oportunidad de responder a estos pedidos, pues es mucho mejor que andar por ahí pensando solo en nosotros mismos todo el día.
Es muy importante que el corazón responda cuando existe una oportunidad; que nos sintamos movidos a importarnos en lugar de permanecer tan fijos dentro de nuestras propias cabezas. Si no somos capaces de reconocer las oportunidades de ayudar a las personas en necesidad, quiénes sufren la mayor pérdida somos nosotros. Los pequeños gestos de gentileza nos transforman; nos muestran la mejor parte de nuestra mente y nos conectan con otros de la mejor manera posible.
¿Qué significa verdaderamente cambiar el mundo? Si miramos alrededor, siempre hay algo que podemos hacer.