No eres tus reacciones: Parte 1
Por Dzigar Kongtrul Rinpoche

Ya sea que hablemos de nuestras acciones físicas, nuestra forma de hablar o la actividad de nuestra mente, especialmente nuestra actividad mental y emocional, en realidad no son nada más que reacciones. Y son muy interesantes cuando las estudiamos de cerca.
No es necesario ser, digamos, una “persona celosa”, pero cualquier individuo puede ser provocado y de repente volverse muy celoso o posesivo. Después, esa misma persona puede incluso preguntarse: “¿Por qué me puse tan celoso?” O alguien que generalmente no se siente muy apegado puede de repente encontrarse reaccionando como si estuviera completamente apegado. En sus reacciones a un conjunto particular de causas y condiciones, alguien que normalmente es una persona segura reaccionará de manera bastante insegura.
Estas tendencias a reaccionar se almacenan en el flujo mental y cuando se activan por ciertas causas y condiciones, esas “semillas” darán origen a las reacciones correspondientes. La persona que no es generalmente muy apegada actuará desde el apego, alguien que no es celoso actuará con celos, una persona que no es insegura actuará de manera insegura, y alguien que generalmente es pacífico se volverá agresivo.
Cuando tales reacciones ocurren, necesitamos tener la capacidad de disociarnos de las reacciones que están sucediendo. Esto es especialmente importante para quien practica meditación. ¿Qué sentido tiene ser un meditador sin poder observar nuestras reacciones o comportamiento neurótico de esta manera? Pero eso no quiere decir que los meditadores no tengan este tipo de reacciones, como cualquier otra persona. Los meditadores reaccionan.
Entonces, mi punto aquí es que tu meditación está separada de las reacciones, y esas reacciones son tendencias habituales del pasado que se han almacenado en la corriente mental.
A veces, cuando estás meditando y la meditación va muy bien con una mente muy clara y sin obstrucciones, no hay semillas o tendencias presentes. Pero en otras ocasiones, incluso un buen meditador puede reaccionar. Parece casi como si esas reacciones surgieran directamente de la ignorancia, pero también surgen de una necesidad del ego de irrumpir en el mundo. Por supuesto, nuestro comportamiento está la mayoría de las veces distorsionado y no hay mucha consideración cuando estamos reaccionando así. Pero, sin embargo, me parece bastante interesante notar que un buen meditador puede reaccionar de maneras muy convencionales, por así decirlo, y parecer bastante celoso, enojado o inseguro.
Cuando estamos reaccionando, aunque no sea evidente externamente, internamente todavía hay una reacción. Por supuesto, las reacciones externas son mucho más fáciles de controlar y trabajar. La reacción interna es mucho más difícil.
Así, durante esas reacciones internas, la primera habilidad necesaria, cuando se siente celos o cualquiera de las emociones negativas, en relación a una situación, a una persona en particular o en reacción a algo que perturba, es el desarrollo de una especie de segunda conciencia. Tal conciencia puede ver a través de la reacción y todo el proceso, sabiendo qué está sucediendo y sabiendo que esto simplemente se desgastará por sí solo.
Este tipo de conciencia tiene una cualidad madura: la capacidad de ver que esas emociones complejas son bastante profundas y que tomarán tiempo para ser completamente limpiadas o eliminadas. Hasta ese punto, no se alcanza la iluminación completa, pero al mismo tiempo, incluso ahora, podemos tener conciencia de que esto no es tan amenazante, porque no es sólido. No es blanco y negro. Esas reacciones internas no crean consecuencias negativas, por lo tanto no son peligrosas en ese sentido. Son similares a cualesquiera otros pensamientos que no generan consecuencias, a menos que te apegues a ellos y los amplifíques.
En segundo lugar, si puedes evitar ser duro contigo mismo, también puedes permitir que tu habilidad como practicante o como persona atenta evite la confusión común y mantenga tu sentido de cordura más allá de esas reacciones. Cuando puedes permanecer despreocupado y observar todo esto como lo harías con las emociones de un niño, se desgastará muy rápidamente y ayudará a quemar las semillas en la corriente mental. Cuando esto sucede algunas veces, o después de muchas veces, en algún momento la persona gana confianza real.
Con estas herramientas, aunque todavía puedas reaccionar, esto no te deja completamente dominado ni te controla. No te conviertes más en la reacción, perdiendo el sentido de tu propia cordura. No pierdes el hilo del trabajo que estás haciendo para volverse cuerdo y para volverse libre e ir más allá.
La mayoría de las veces las personas no son muy conscientes. Entonces, no están conscientes de que estas son simplemente reacciones, que las reacciones suceden y que una persona no es la reacción que está teniendo. Hay una persona separada, una persona completa, pero esta es solo una parte muy pequeña del todo la que está reaccionando.
A menudo hay cierta confusión sobre esto, que también es falta de conciencia. Es como si una pequeña parte del todo fuera vista como la cosa completa. No solo eso, sino que al mismo tiempo hay un tremendo juicio sobre cuán malo es, o cuán terrible.
Así, puede haber una cantidad considerable de autogolpe que surge junto con esa falta de conciencia. La mente inconsciente reacciona automáticamente de forma agresiva y etiqueta el comportamiento como malo u horrible. Internamente, exhibimos una visión puritana del yo, una expectativa de que deberíamos ser tan puros como Buda, sin ninguna reacción, y luego intentamos evitar que todo esto explote allá adentro.
Este tipo de dinámica sucede dentro de ti y causa explosiones. Esto nos impide poder trabajar con la mente de forma madura y de acuerdo con las prácticas que hemos aprendido. Podemos esforzarnos por alcanzar el equilibrio, primero teniendo conciencia de que tales reacciones existen, y luego sin necesidad de reprimir o condenarnos a nosotros mismos al mismo tiempo.
Lee la Parte 2 de este artículo aquí.
Artículo publicado originalmente en Mangala Shri Bhuti